Ficha

País

Alemania

Año

2006

Título original

Das leben der anderen

Duración

137min

Dirección

Florian Henckel von Donnersmarck

Guión

Florian Henckel von Donnersmarck

Reparto

Martina Gedeck, Ulrich MŘhe, Sebastian Koch, Ulrich Tukur, Thomas Thieme

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Crítica de La vida de los otros
Autor: bronte
Fecha: 17/02/2007.
Póster La vida de los otros

La vida de los otros

Digerido por bronte

"La vida de los otros" es una película que habla por sí sola. Sin aspavientos ni excesos dramáticos. Presentando una realidad opacada, descolorida y absurda. ¿Acaso no es el paradigma del absurdo que la Alemania comunista se denominara a sí misma "democrática"? Florian Henckel von Donnersmarck debuta en el mundo del celuloide con la historia de un dramaturgo alemán del Este vigilado por la "Stasi", omnipresente y omnipotente Agencia Nacional de Seguridad, compuesta por 100.000 funcionarios en un país de tan sólo 16 millones de habitantes. Una población sometida constantemente de manera atroz a a la vigilancia, el espionaje, la denuncia de los soplones, y la acusación de los propios familiares. Una nación que durante 45 años vivió en un estado de terror ininterrumpido.

No es casualidad que la película arranque en 1984. El director hace un guiño a todos aquellos amantes de la ciencia-ficción distópica, y nos recuerda lo acertado que estuvo en sus predicciones George Orwell. El control absoluto de los "ciudadanos", siempre en virtud de la seguridad del estado, esa maquinaria acromegálica que se arroga el cuidado del bienestar del individuo, necesariamente pasando por encima de derechos civiles e individuales. La película empieza con una clase sobre métodos de interrogatorio. Y para ello no necesita recurrir a torturas físicas ni a litros de sangre, porque el tema de la película, más allá de la cuestión material, se centra en la muy metafísica cuestión de la libertad del individuo como concepto abstracto. No importa en este nivel que en una celda haya bofetadas o no las haya. Lo que importa es un sistema que establece como derecho propio el poder violar sistemáticamente la privacidad de las personas, su libertad, o la plena expresión de su conciencia, sin que éstas hayan incurrido en ningún delito democráticamente estipulado.

Georg Dreyman es un dramaturgo que aunque reconocido por el régimen empieza a ser vigilado por la Stasi, sospechoso de quizás intentar cambiar la ideología de sus compatriotas a través de sus obras. A partir de este momento se establece todo un operativo de vigilancia en el que las amenazas y las extorsiones son la pieza angular. Intimidado por un ministro lascivo que aprovecha el poder ilimitado que ofrece un sistema dictatorial como el soviético, Dreyman comienza a recapacitar sobre el nivel ínfimo de existencia que mantienen él y sus compatriotas, pese a los reconocimientos o a determinada seguridad primaria. Ante el comienzo de sus actividades "anti-patrióticas", su compañera, una renombrada actriz de nombre Christa-Maria Sieland, prefiere no saber qué está pasando, porque sabe que llamada a un interrogatorio acabará confesando, tal es la presión del sistema.

El último personaje clave en esta trama es el de el Capitán Gerd Wiesler, anónimo y deshumanizado agente de la Stasi, encargado de realizar las escuchas en su domicilio a la pareja de artistas. A través de numerosas secuencias de este personaje, encerrado en un cuartucho, pendiente de lo que hacen o dicen los protagonistas en la intimidad de su domicilio, podemos entender claramente la progresión de su personaje cuando pasa de ser un anónimo funcionario represivo a un ser que empieza a entender que por fuerza tiene que haber una vida más rica, más intensa, más personalizada, más allá que la de la obediencia sumisa y castrastante al estado. Un estado que en realidad jamás mira por sus ciudadanos, sino por su propia perpetuación, y que en consecuencia, ha de eliminar a todo aquel elemento discordante.

La película prescinde de grandes recreaciones de época o del puntillismo histórico para contarnos una historia donde todos los que vivieron esa era podrán verse reflejados. Es una historia que habla del ambiente, de las coordenadas ideológicas, de la decadencia instalada en la que nada puede crecer. Es una historia que también reflexiona sobre la libertad, pero lejos de hacerse discursiva o pesada, lo hace a través de una historia bien planificada dramáticamente, y que no renuncia a establecer una empatía clara con sus personajes. Es una historia que asimismo nos habla de que siempre hay gente "buena" (en un sentido pleno del término) en todas partes por muy podrido que esté el sistema, y que como decía Orwell "siempre conservarán el espíritu del hombre", que es el que tiende a la libertad.

El director ha tenido el talento necesario como para no presentar un pesado estudio histórico sobre una determinada época, y en ocasiones, quizás con la ironía de la que dota el dolor, llega a conseguir escenas "cómicas" a fuerza de mostrar lo absurdo que es un sistema semejante, y lo más absurdo aún que es apoyarlo. Un estilo reposado en todos los aspectos, contribuye de manera diáfana a recordar la falta de "vida" que se apreciaba en los paises de la esfera soviética, y los diálogos, muy trabajados, reflexionan sobre los temas que a todo ser humano preocuparían agudamente en esa situación, sin caer en ningún momento en la pedantería o ininteligibilidad. Los actores, claramente alemanes, y no sólo por su nacionalidad, realizan en su totalidad un trabajo soberbio, absolutamente creíble, empapado de miedo y tristeza, pero anticipando al mismo tiempo la muerte insoslayable de regímenes como el comunista, y si hay que reseñar a alguno que sea el delicado trabajo de Ulrich Mühe en el papel de agente de la Stasi. Una película que casi veinte años después de la caída del muro, se hace obligatorio ver. Y aún diré más: una película de esas que va ganando a medida que transcurren las horas, y que vista con perspectiva revela toda su, en el fondo, inmensa humanidad.

Recomendada para castristas, nostálgicos del paraíso socialista, y demás familia. Puntuacion