Ficha

País

USA, Canadá

Año

2008

Título original

X-Files: I want to believe

Duración

105min

Dirección

Chris Carter

Guión

Chris Carter, Frank Spotnitz

Reparto

David Duchovny, Gillian Anderson, Amanda Peet, Billy Connolly, Xzibit

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Crítica de X-Files: Creer es la clave
Autor: malabesta
Fecha: 27/07/2008.
Póster X-Files: Creer es la clave

X-Files: Creer es la clave

Digerido por malabesta

Para el público general, “Expediente X” fue una serie que -al igual que la carrera de Britney Spears- empezó muy bien allá por los neventa, pero que con el paso de las temporadas y el tiempo comenzó a ir a menos, a medida que los telespectadores se perdían en la dichosa conspiración gubernamental para ocultar la realidad de la invasión extraterrestre y la cosa se ponía cada vez más culebrónica. Después de un retiro de seis años, el retorno de Mulder y Scully a las pantallas ha sido también, irónicamente, como la vuelta de Britney Spears a los escenarios.

“X-Files: Creer es la clave” es uno de aquellos capítulos en los que los agentes protagonistas investigaban algún fenómeno no relacionado con los platillos volantes, y que eran la gracia que salvaba a la serie para unos y una pérdida de tiempo para otros. El F.B.I. se ve obligado a recurrir a las habilidades especiales de los ex-agentes Mulder (David Duchovny) y Scully (Gillian Anderson) cuando una de sus agentes es secuestrada, y las únicas pistas las proporciona un sacerdote a través de sus visiones (Billy Connolly).

Sinceramente, no recuerdo ninguna entrega de la serie con un guión tan malo. Por un lado, tenemos a unos protagonistas que han dejado hace mucho su actividad investigadora, y que han perdido gran parte de sus rasgos característicos -Scully, por ejemplo, salta de creyente a escéptica entre planos-, lo que los convierte poco menos que en un par de desconocidos, con la misma relación con los agentes que conocimos como puedan tener los personajes de un especial de los Morancos. Luego está el hecho de que la trama no tiene ni pies ni cabeza, con unos agujeros espantosos. Tanto es así que, por ejemplo, nunca se llega a resolver el motivo del secuestro que pone a andar la película.

Pero además, la trama está tremendamente forzada, con un manejo del tiempo ridículo e irreal (pero necesario para que las historias secundarias y la principal encajen en un montón de momentos climáticos bastante aguados) y unos diálogos, si obviamos el acento, al más puro estilo “Pasión de gavilanes”. Con intervenciones estilo “yo tengo que luchar mis propias batallas” y demás. Tiene un manejo de los personajes espantoso. Los secundarios son una tropa de seres vacíos cuya única función es darle pie a determinados diálogos o escenas. Sin ir más lejos, Scully ahora es médico en un hospital, y uno de sus pacientes es un niño con una enfermedad cuya única cura es peligrosa y experimental. Además de que el dichoso crío sólo está para que Gillian Anderson haga pucheros, no se pierdan el hecho de que el hospital se opone a la peligrosa terapia, pretendiendo que el chaval tenga una muerte digna. ¿Quién abandera esta postura? ¡Un cura! Con su alzacuellos, su traje negro, sus rezos y todo el pack, pidiendo -aunque nunca explicita la palabra- la eutanasia. Ridículo. Eso sí, luego da mucho juego para que Scully tenga mil diálogos sobre Dios, la fe y el mundo con Mulder.

Unos diálogos, si obviamos el acento, al más puro estilo “Pasión de gavilanes”.
Los protagonistas no tienen mucha más suerte; no sólo carecen de motivaciones, sino que ni siquiera se comportan de manera coherente. Y aquí destripo la película cual matarife, así que tengan a bien saltarse el resto del párrafo aquellos que lo consideren oportuno. ¿Cómo es posible que Scully, después de rescatar a Mulder buscando un buzón de correos con los números de un pasaje de la biblia que el cura adivino le ha dicho, siga afirmando que no cree en él?

Las actuaciones de Duchovny y Anderson están en el par del campo. El tiempo no ha sido excesivamente cruel con ellos, quizá su paso aliviado por el del bisturí. Curiosamente, un emplasto de escena nos enseña a Mulder sin camiseta y luciendo abdominales, lo que es el star-system. Billy Connolly tampoco parece estar demasiado motivado, aunque sí correcto.

En fin, un decepcionante retorno. Recomendada para gente que realmente quiera creer.


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