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Autor: malabesta
Fecha: 02/05/2009.
X-Men orígenes: Lobezno
Digerido por malabesta El hecho de que una película, una vez que el rodaje ha terminado, necesite arreglar alguna escena o añadir otras más nunca es un buen presagio. Así que cuando hace unos meses saltó la noticia de que el equipo de “X-men orígenes: Lobezno” tuvo que reunirse de nuevo para grabar alguna cosa más, mucha gente se temía lo peor: acertaron.
Visto lo visto, creo yo que Hugh Jackman ha pasado más tiempo haciendo pesas que el equipo creativo preparando el guión, que no es más que una telenovela condensada. Pérdidas de memoria, recuperaciones de memoria, amores falsos, muertos que no estaban muertos, que estaban de parranda, padres secretos, hermanos malos... sólo falta Calculón (el robot actor de “Futurama”). Aunque es cierto que la mayoría de esto lo hereda del cómic, y es inherente al medio: al igual que con los culebrones, en la búsqueda constante de emoción a lo largo de miles de entregas no le queda más remedio que recurrir a estas cosas
La diferencia es que en su versión impresa, Lobezno vió la luz a mediados de los setenta, y hasta hace un par de años no hubo una versión completa de sus orígenes. “X-men orígenes: Lobezno” lo condensa todo en un par de horas, además de añadir las convenientes escenas de acción y de presentar a una plétora de personajes que sin duda serán usados en sucesivas entregas del universo X. Si a pesar de ser uno de los personajes más populares y taquilleros del universo Marvel el público aguantó más de veinte años sin conocer el pasado de Lobezno, imagínense ustedes la falta que hacía esta película.
Si uno pasa por alto el melodrama, lo que queda del guión -unas seis páginas escritas a una cara- no es del todo malo. Es decir, “X-men orígenes: Lobezno” sería una película de acción televisiva más, con sus efectos visuales de segunda incluidos. Dicen que el director Gavin Hood y los productores de Fox tuvieron diferencias durante el rodaje; pudiera ser que Hood viese su película como una maravilla y ellos, sus sentidos artísticos cegados por el dinero, la realidad.
Visualmente, tiene momentos tan malos, tan pobres técnica y artísticamente, que podrían pasar tranquilamente por un capítulo de “Buffy Cazavampiros”, “Dr. Who” o cualquier otra serie de ci-fi de bajo presupuesto. En esta saca se incluye el destripamiento de personajes como The Blob (Kevin Durand), La Mole en castellano, cuyo maquillaje roza el ridículo, o Agent Zero (Daniel Henney) un superhéroe cuyo único poder, a juzgar por lo que se ve, es el de salir de una película de John Woo.
En cierto modo, uno no puede dejar de preguntarse si todo esto no será culpa de Bryan Singer que; la primera película de la saga, entretenida y resultona, hace que todas las demás parezcan mucho peores de lo que en realidad son, y son en su mayoría bastante malas.
Lo mejor -lo único- de “X-men orígenes: Lobezno” son sus dos protagonistas principales: Hugh Jackman y Liev Schreiber. Este último interpreta a Dientes de Sable, el eterno antagonista de héroe titular. Ambos tienen la presencia suficiente como para tirar del carro de la película, aunque no dejen de ser una representación bastante desangelada de sus homónimos de papel. Pero eso, de nuevo, no creo que sea culpa suya.
Sus enfrentamientos fueron un crescendo desarrollado a lo largo de años y años de tebeos, que alcanzó su clímax con la anagnórisis de Lobezno, momento rayano en el “Yo soy tu padre” de Darth Vader. Ambos momentos impresionan debido a la anticipación; tanto Dientes de Sable como Darth Vader se ganaron su estatus de villanos irredentos con mucho sudor de su frente, así que cuando el público descubre que son parientes del protagonista, se maravilla. La primera imagen de “X-men orígenes: Lobezno” despacha todo esto, y luego a correr.
En fin, una película decepcionante en todos los sentidos. Recomendada para los que quieran verle el torso esculpido a Hugh Jackman. De verdad, no hay más.
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