Ficha

País

España

Año

2006

Título original

Yo soy la Juani

Duración

90min

Dirección

Bigas Luna

Guión

Bigas Luna

Reparto

Verónica Echegui, Dani Martín, Laya Martí, Gorka Lasaosa, José Chaves, Mercedes Hoyos

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Crítica de Yo soy la Juani
Autor: malabesta
Fecha: 21/10/2006.
Póster Yo soy la Juani

Yo soy la Juani

Digerido por malabesta

Desde luego, yo no soy la Juani. Bigas Luna intenta ofrecer en "Yo soy la Juani" un retrato realista de una sociedad emergente, la de la juventud del tunning y la música electrónica, dentro de la nuestra propia. No sé yo, que nunca me he dedicado a esto de los coches con alerones, pero tanto baile, tanta carrera y tanto sexo me suena más a batallita del abuelo que a retrato social. Yo creo que bastante más cerca de la realidad se ha quedado el Neng, que también viene a hablar de lo mismo.

Por lo visto, "Yo soy la Juani" es la aproximación de Luna al cine comercial, con maniobras tan hábiles como simultanear su estreno con la salida al mercado de la banda sonora, compuesta por canciones de grupos "molones", "de los que se llevan ahora". Facto Delafé, La Mala Rodríguez, o el que sí que es malo Haze (con su gran éxito "Gasolina, sangre y fuego" que aún tendremos que oír desde algún coche a todo trapo) acompañan a Chimo Bayo, que demuestra una vez más que no está muerto, o a Placebo, con cara de turistas perdidos. O también lanzar una gran campaña de marketing previa a la película. Sí, grandísima. Da igual que nadie haya oído hablar de la película, la campaña era muy grande. Incluso se hizo un casting multitudinario, así a lo OT, porque a la Juani, representación de la nueva mujer española, no había ninguna actriz capaz de interpretarla y de sintetizar todos los aspectos de esa nueva fémina patria. Así que tras examinar a unas tres mil jovenzuelas, Bigas Luna optó por Verónica Echegui, que viene a ser como Natalie Portman pero con la ropa menos tiempo puesta.

Pues Verónica interpreta a Juani, una chica arrabalera, hija de una folclórica frustrada (Mercedes Hoyos) y de un padre igualmente frustrado (José Chaves) que se da a la bebida porque alguien intenta quitarle la casa. El novio de Juani es Jonah (Dani Martín), un chaval sin demasiadas luces ni futuro, que invierte su tiempo, su dinero y el de la Juani en tunear su maltrecho BMW, que ahora "peta la hostia de watios". En torno a este personaje se divide la película en dos partes. En la primera, se nos presenta a la Juani, su deprimente ambiente y sus no menos deprimentes amistades, y en la segunda, tras un desengaño con Jonah, la Juani se lía la manta a la cabeza y se marcha a Madrid con su amiga Vane (Laya Martí), a perseguir sus sueños: la Juani quiere ser actriz y la Vane quiere meterse silicona en el cuerpo, y no de la de pegar cristales.

El guión de Bigas Luna tiene un problema: no cuenta nada. La trama de fondo es una supuesta entrada en edad de Juani, un rito de paso con todos los elementos propios a este tipo de historias: partida de su mundo, alejamiento y vuelta, pero ocupando un nuevo papel. Efectivamente se resuelve esta trama, pero con una simpleza que no es capaz de rellenar el metraje. Todos los personajes son increíblemente planos, a excepción de la protagonista, que es sorprendentemente plana, nada más. Prueba de ello es que los padres de Juani (bastante importantes para la historia) ni siquiera tienen nombre, no tienen pasado más allá de lo que la propia Juani cuenta en off, luchan por conservar su casa, pero nadie sabe contra qué o quiénes. La mayoría de los secundarios sólo están ahí para servir de resortes a la historia de la protagonista; incluso Vane, con la que comparte casi la mitad del metraje, no tiene ningún tipo de personalidad, y su historia no tiene ni evolución ni demasiado sentido.

Además, Luna se enfrenta a su película con una especie de esquizofrenia bastante extraña. Parece que "Yo soy la Juani" es un canto a la mujer liberada del siglo XXI, pero mientras Juani efectivamente se declara dueña de su destino, más allá de lo que padres y novios digan, a su lado conviven una serie de personajes y escenas, que representan lo más baturro y vejatorio del machismo, y que van desde lo ridículo (como su amiga, cuya aspiración en la vida es tener las tetas grandes y tirarse a un famoso) hasta lo insultante, como las escenas iniciales de la película, en las que Luna se regodea en uno de los múltiples espectáculos de un festival de tunning, que consiste en eso, en un montón de gente expectante ante el culo de una modelo que se revuelca en un coche,mientras es regada con una manguera. Sin contar, por supuesto, con esa facilidad que tiene para sacar a su protagonista desnuda sin que el devenir de la historia lo requiera para nada, y que muy respetuosa tampoco es que parezca.

Este dualismo también es visible en los ambientes; mientras el mundo del arrabal es brutal y maltrata a todas las mujeres que allí se aparecen, cuando Juani, una chica sin cultura, sin estudios, que nunca ha salido de casa, sin mucha ropa y que intenta hacer carrera como actriz comienza a introducirse en el mundo de los castings, no le pasa nada; increíble. Todo el mundo es noble y amable con ella.

Como director, Bigas Luna parece que también ha intentado renovar su estilo y adaptarlo a los gustos y costumbres visuales de las nuevas generaciones. Es decir, ha introducido anuncios. En ciertos momentos de la película, la narración se para y Luna nos regala un vídeo musical, en el que los artistas de la banda sonora ocupan la pantalla durante unos minutos, mientras los protagonistas se toman un bocata, digo yo. Además, introduce psicodélicos montajes musicales para dar cuenta de las fantasías y pesadillas de los personajes, usa imágenes sacadas de videojuegos para apoyar ciertas escenas, echa mano de la rotura de pantalla, tan en boga gracias a "24", rueda parte de su material en cámara digital, sobreimprime mensajes de texto sobre las imágenes... en general usa tantas y tan diversas técnicas y tecnologías que más parece que la película la haya dirigido una gallina sin cabeza.

Tras tanto casting y tanta prueba, la elección de la pareja protagonista ha terminado por ser la adecuada. Verónica Echegui tiene la capacidad mimética y emotiva de una tuerca, pero gracias al trabajo de Dani Martín, hasta ella parece una actriz. Las capacidades actorales del líder de "El canto del loco" lo convierten en el compañero de reparto ideal, pues están a la altura, si no un poco por debajo, de las de la mona Chita, con la que además comparte cierto parecido físico, pues se pasa toda la película con cara de llevar un cacahuete escondido tras el labio inferior.

En fin, otra película española que pronto pasará a la estantería más cercana al suelo de los videoclubs. Recomendada para defensores a ultranza del cine español.

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