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Concurso La Lista
El azote de Occidente
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 01/10/2003.

El azote de Occidente

Un artículo de Pirulo de Quintanar

Es imposible que nunca los hayan visto en alguna sala de cine. Hablo de esas hordas bárbaras que acuden al cine con la única intención de sabotear la película fastidiando al resto de espectadores. ¿Vandalismo sin sentido? Eso es lo que quieren que creamos.

Analicemos la situación con frialdad. ¿Son humanos? Mejor no actuemos con ligereza descartando en un principio todas las posibilidades. Partamos sólo de la indiscutible premisa de que la película les importa un bledo y están cometiendo un acto de maldad gratuita. Consideremos, además, que se trata de un fenómeno universal, y descartemos por poco realista la hipótesis de que Hitler se haya reencarnado en tanta gente de manera simultánea.

Se podría también caer en el error de que no es maldad, sino ignorancia. La gente de buen corazón tenemos la tendencia de intentar justificar las acciones de estos homínidos como fruto de la ignorancia de los principios cívicos más elementales. Lamentablemente, esto no puede ser así. Es incompatible ese grado de ineptitud social, que dudo se pueda encontrar en ninguna especie de primate, con la capacidad de comprender y desenvolverse con conceptos simbólicos tan complicados como el dinero. Así que mientras no veamos cambiar entradas de cine por ovejas, debemos rechazar también esta explicación.

Estas consideraciones parecen esbozar la idea de que nos enfrentamos cara a cara con las huestes de Lucifer. Esto es lo que nos gustaría creer, pues por una parte, conocemos desde hace mucho tiempo la manera eficaz de enfrentarnos a las fuerzas del infierno, a saber: el fuego purificador y toda la sabiduría acumulada en nuestra tradición inquisitorial. Por otra parte, nada más gratificante que el generoso uso de estos recursos contra tan viles elementos.

No obstante, hay un detalle que nos impide aceptar el patrocinio satánico a este tipo de execrables atentados. Tomando en cuenta el abultado precio de las entradas, y tratándose de una operación tan grande y que se prolonga ya durante tanto tiempo, se hace totalmente necesaria la ayuda de un grupo con gran solvencia financiera. El apoyo demoníaco, pues, no puede más que restringirse al aliento moral y, tal vez, cierta ayuda logística. De esos cornudos sátiros en taparrabos no se puede creer que tengan fondos mucho más allá de los necesarios para el mantenimiento de su gran lago de fuego. Para mas detalles, remito a mis lectores al interesantísimo tratado económico del Dr. Edward Capirote “La situazione financciera del diabolo en questos tempos de apretarse el cinturone”.

A la vista de los hechos, resulta evidente detrás de toda esta villanía la oscura mano de un grupo con potentes recursos económicos. ¿Contra quién actúan? La respuesta no deja lugar a dudas. ¿No es acaso el cine uno de los mayores símbolos de occidente? ¿No es cierto que las actividades de estos grupos se centran en el cine de entretenimiento, respetando lo que llamamos como “cine de autor” que, siendo un producto elitista, en absoluto se puede considerar un icono de nuestra sociedad? ¿No es acaso obvio que su actividad saboteadora se intensifica en las secuencias más espectaculares o de contenido sexual, evidenciando su rencor hacia nuestra opulencia y libertad sexual?

No nos equivoquemos. La próxima vez que vean a uno de estos grupos en alguna sala de cine, tengan en cuenta que tienen ante sí a los enemigos de nuestra civilización. Llamen al FBI, a la policía o al primo de Zumosol. No podrán con nosotros.