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Concurso La Lista
El traje nuevo del emperador
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 15/10/2003.

El traje nuevo del emperador

Un artículo de Pirulo de Quintanar

A los aficionados al llamado cine de entretenimiento, cinéfilos sanos donde los haya, nos toca exigir un justo y recíproco respeto por parte de los amigos del cine hecho con la clara intención de aburrir. No nos corresponde a nosotros juzgar la masoquista parafilia de quien acude al cine a ver tostones de diseño, pero sí es lícito defendernos de las injustas acusaciones de borreguismo que nos dirigen quienes se dedican con ahínco a cultivar su pose intelectualoide en vez de a disfrutar relajadamente de una buena o mala película. Que sepáis, adoradores del cagarro erudito, que nos tendréis siempre delante.

¿Cine experimental? Por mucho menos se ganó su infame lugar en la Historia el Dr. Mengele. Si muchos tuvieran un mínimo de pudor realizarían sus inicuos experimentos contra natura en algún lugar apartado de la civilización, y en lugar de exhibir sus monstruosas creaciones, ¿no sería más lógico que enseñaran sólo las que llegaran a buen término?

No nos dejemos engañar, pues no estamos hablando de un cine independiente, libre de ataduras mercantilistas. Se trata de películas dirigidas a un público que, no por minoritario deja de pagar su entrada al cine. Es un mundo paralelo con sus propios cauces publicitarios, con un público objetivo no más difícil de contentar que el que va buscando la pirotecnia de Roland Emmerich, e igualmente influenciable, si no más, por opiniones ajenas.

Hay una oscura creencia muy difícil de erradicar que postula desde tiempos remotos que no se puede hacer buen cine con temas livianos. Existen trivialidades exquisitas, del mismo modo que por desgracia sigue gente empeñada en vender erudición al kilo. Bajo la premisa de que, cuanto más espeso, mejor, cualquier otra consideración queda olvidada. Y es que, por supuesto, se puede hacer buen cine con guiones sesudos, pero ello requiere, como no podría ser de otra manera, hacer un producto que sea interesante, y no sólo por que te lo digan.

Mención aparte para los directores comprometidos, esto es, para aquellos que se ganan la vida vendiendo miserias ajenas, el equivalente cinematográfico de Manu Chao a quien, por alguna razón, todos los negritos del África tropical que cultivando Cola Cao pasan mucha hambre le deben infinito agradecimiento. Los seguidores de este subgénero le miran a uno con asco cuando entra en la sala de al lado. ¿Cómo se puede ser tan insensible? ¡Coño! Porque la otra película es buena y ésa es una patata. Está bien tener buenas intenciones (y la de llenarse el bolsillo viviendo del cine es tan loable como la que más) pero ello por sí sólo no hace buena una película. Y dudo que pocas denuncias al nazismo haya habido tan efectivas como las películas de Indiana Jones.

Hablo, en fin, de películas que no nos gustan a nadie, pero que, como el traje del emperador, tonto aquel a quien no le gusten. Pues yo, con todos los respetos, tengo a mucha honra ser uno de esos tontos. De las películas que nos gustan a todos, aunque pocos lo reconozcamos, ya hablaré otro día.