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Concurso La Lista
¡Quita el filtro, Manolo!
Autor: Profesor Rocachitón
Fecha: 26/02/2004.

¡Quita el filtro, Manolo!

Un artículo de Profesor Rocachitón

En círculos reservados corre el rumor apócrifo, al parecer revelado por el propio Thomas Vinterberg, que Dogma nació en una noche de borrachera colosal, a medio camino entre el pitorreo más absoluto y la necesidad de crear algo "epatante" que les diera notoriedad a sus creadores. Esta versión explicaría bastante bien el resultado, que tanto furor causó entre los sectores más califragilísticos del arte, de la misma forma en que un niño se asombra cuando se le hace un truco reseñado en el Manual de los Jóvenes Castores.

" Dogma 95" representa lo peor y más deleznable del sistema occidental. A saber, un producto de "usar y tirar", sin ningún tipo de base filosófica detrás, sin influencia en su entorno disciplinar y cuya máxima virtud consiste en escandalizar y/o asombrar a un público inocente, demasiado indefenso ante la provocación vacía.

-"Usar y tirar": Hasta el propio Lars Von Trier ha renunciado a Dogma antes de que se hayan cumplido los diez años de su creación. Lo cual es todo un record. Casi se puede asegurar que cambia más de postulados artísticos que de ropa interior. Eso sin contar, que propiamente dicha, sólo ha hecho una película "Dogma". Lo cual puede dar una idea de cuán de acuerdo estaba con su propio sistema estético. Otro tanto se puede decir de Thomas Vinterberg.

-"Sin influencia en su entorno disciplinar": En ocho años, en todo el planeta, sólo se han hecho 35 películas "Dogma" (algunas de ellas, la gran mayoría, realmente lamentables), indicador irrefutable de su impacto a nivel formal y sustancial. Mientras la imagen se complica y se hace cada vez más barroca gracias al uso de las nuevas tecnologías, "Dogma" aparece casi como una rabieta en contra de la grandeza visual que no todo el mundo es capaz de concebir. Mientras que la estética "Matrix", por poner un ejemplo, ha influido hasta a los anuncios de detergente, la estética "Dogma" se muere en sí misma, y su mayores émulos los encuentra en los vídeos de primera.

-"Sin ningún tipo de base filosófica detrás": El manifiesto conocido como "Voto de castidad", realmente resulta de una simpleza, que no simplicidad, apabullante. Es cierto que no se puede encontrar ningún pensamiento complejo en ninguna de sus líneas, aunque sí es localizable un sustrato que nos retrotrae a cierto tufillo conservador y reaccionario. Para empezar, la primera lectura del título, ya suena bastante mal, teniendo más que ver con la provocación fatua que con una idea de alto nivel, y la segunda lectura, aún suena peor. De todos es bien sabido que el arte, cuanto más se "mezcla", cuantas más influencias y aportaciones puede acaparar, más crece. Lo del voto de castidad, ya así en principio, parece algo bastante anti-artístico. Esto de la pureza es de lo más retrogrado, y no sólo retrógrado sino también en total descompás con los tiempos, afortunadamente.

Cualquier otro decálogo merecería un análisis detallado, sin embargo, teniendo en cuenta que los diez puntos de "Voto de castidad" dicen más o menos lo mismo, resultaría inútil tal esfuerzo. Algún tipo de alucinación hizo confundir a estos autores la sobriedad con la chapuza. La cosa se reduce a hacerlo todo lo menos elaborado posible, aunque esta falta de elaboración dé como resultado un feísmo estético más que feo, y paradójicamente a dar sensación de irrealidad en numerosas ocasiones, pues tal descuido en las formas aleja al espectador de la historia.

Por otro lado, en un alarde de positivismo y amor a la libertad, el decálogo repite varias veces la palabra "prohibido" y el "no", "no", "no". Como suele pasar con "los salvadores del mundo", en vez de aportar nuevas ideas, se limitan a prohibir las de los demás. Por ejemplo, no se pueden utilizar decorados, no se pueden utilizar filtros, no se pueden utilizar trucajes. También incorpora hallazgos impresionantes, en tiempos de digitalidad, como que es obligatoria la película de 35 mm (la glorificación de la idea del retroceso); Califica a la presencia de muertos en la historia como acciones superficiales (será porque en las realidades tan realistas de sus películas, no muere nadie), y por supuesto, no podemos olvidarnos de ese gran clásico que es la cámara al hombro, o en la mano, que tantos y tantos dolores de cabeza ha causado y que figura al lado de la invención de la rueda o el descubrimiento de América en la historia. Aunque la manera en cómo la ausencia de trípodes ha cambiado la historia del cine, justifica las migrañas. Esa sí que es una innovación estética. La prohibición del trípode. La limitación mental en la concepción del arte cinematográfico que se trasluce en Dogma, sería motivo de risa, sino fuera porque en el fondo da algo de miedo ver redivivos a los santos oficiales de la Inquisición, pero en plan artístico.

En la misma línea, y ya puestos, se echa en falta la prohibición de echarle azúcar al café, o de fumar cigarrillos con filtro. Puestos a prohibir, estas medidas estarían a la altura de las propugnadas en "Voto de castidad", y puede que aún hubieran provocado mayor conmoción cinematográfica, viendo como está el percal.

Capítulo aparte merecerían frases como "mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes", con ese tono a medio camino entre mesiánico iluminado y entrenador de primera división, pero eso sería ya otro capítulo.