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Concurso La Lista
La ley de Lynch
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 08/03/2004.

La ley de Lynch

Un artículo de Pirulo de Quintanar

El bochornoso espectáculo anual de los Oscar, certamen en el que acostumbran a premiar inmerecidamente, a destiempo o ambas cosas a la vez, es precedido desde hace ya casi 25 años por el no menos bochornoso espectáculo de entrega de los premios Razzies, mal llamados a veces anti-Oscar cuando en realidad resultan ser su natural complemento.

Ocurre que muchas veces al salir del cine encuentra uno atractiva la idea de castigar a los realizadores de cine no ya con distinciones simbólicas que den fe de su mal hacer, sino con cartas contaminadas con ántrax o rituales oscuros de magia vudú. Si bien es cierto que muchas películas justifican estos extremos como ideas cabales y sensatas, propias de gente de bien, en la práctica las leyes y las costumbres en vigor en la mayor parte de los países parecen recomendar más bien lo de los antipremios. Y, sin embargo, pese a ser una concepción genial y a todas luces tan razonable, su puesta en práctica es innecesaria. Es más, en el caso de los Razzies, el resultado de lo más desolador.

Si desde las páginas de esta revista siempre se ha reivindicado una clase de cine dirigido al público, entristece ver que por votación popular, y con un criterio de lo más cobarde, se castiga el cine de entretenimiento mediante lo que no es otra cosa que un linchamiento de lo más bajo y ruin. Así, mientras en los Oscar existe la tendencia a premiar dramones sobre retrasados mentales, calvos y epilépticos que gracias a su fuerza de voluntad consiguen levantar un orfanato construido con cucharillas de postre a la vez que solucionan a sus padres sus problemas de alcoholismo y mal aliento, los Razzies actúan de refuerzo castigando el tipo de película que los Oscar jamás premiarían. No hay más que echar un vistazo a la lista de nominaciones de años pasados. En definitiva, se desaprovecha la oportunidad de poner en su sitio a películas pretenciosas y vacías, para lapidar en su lugar y sin misericordia a un cine mucho más humilde y honesto. Y digo que es un linchamiento cobarde porque además se ceba sobre todo en personajes que han perdido el favor popular.

El ejemplo más claro lo tenemos en Sylvester Stallone, quien acapara el mayor número de nominaciones y ha resultado elegido como el peor actor de la historia del cine por, según dicen, el 99,5% de su carrera. Tal carrera consiste en haberse convertido en todo un icono del cine y haber influido más en la cinematografía de los años 80 que la mayoría de los premios oscar de aquel entonces. Y además, es que no lo hacía mal.

También se atreven, faltaba más, a apedrear películas de gente como Britney Spears, Mariah Carey o las Spice Girls. Subproductos publicitarios hechos expresamente para satisfacer a sus respectivos fans y que no son, en rigor, cine. ¿Para decir que esas películas son malas hace falta montar tanto alboroto? Lo que hay es demasiado postureo, pero muy poca audacia para montar un espectáculo mordaz.

En definitiva, se trata de apelar a los instintos más bajos y mezquinos para arremeter contra aquellas personas que te aseguran contar con el apoyo de la masa. Así, no es de extrañar que cuando uno queda señalado como víctima potencial, es muy fácil que caiga luego una y otra vez en las siguientes convocatorias, porque en realidad no se trata de señalar al cineasta más malo, sino de morder con impunidad social. Mientras tanto, esperamos sentados que, por ejemplo, se atrevan con Robert de Niro, a quien se le perdonan todos los tostones que interpreta -mal- desde hace ya años.

No riamos, pues, las dudosas gracias de estos pastores de hienas, ni aceptemos sus emponzoñados fresones. El cine sin almidón seguirá sano por mucho tiempo pese a quien pese. Ya lo decía el profeta: "I´ll be back".