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Concurso La Lista
Estado de excepción
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 15/04/2004.

Estado de excepción

Un artículo de Pirulo de Quintanar

Es posible que más de uno me tildara de alarmista cuando hace tiempo mostraba mi preocupación ante una posible ofensiva protagonizada por algunos cineastas españoles con la intención de asaltar nuestros bolsillos y, lo que es más terrorífico, forzarnos a ver sus películas. Ante la gravedad de los hechos que se nos avecinan, aún a riesgo de ser pesado, no puedo hacer otra cosa sino reafirmarme en mis oscuros augurios. Poca esperanza nos queda ya salvo la posibilidad de que la escalada de tropelías absurdas desemboque en actos de martirio.

Desde hace más o menos un año, a las entrañables banderas negras de calaveras y tibias cruzadas ha venido a añadírsele otra con el nombre de Foro Permanente por la Excepción Cultural, el penúltimo invento de ADIRCE, que son las siglas que presiden algunos de los akelarres de nuestros queridos cineastas. Para quien todavía no crea que la cosa va en serio, la prensa digital se hizo eco no hace mucho de la participación como invitado de un conocido director francés que explicó, para regocijo de los presentes, las prácticas y felonías que llevan perpetrando desde hace tiempo en el país galo. No tardaremos mucho en ver a la banda de Curro Giménez solicitando similares medidas en nuestras salas.

El diagnóstico es el de siempre: la producción cinematográfica local es buenísima pero no alcanza su merecida gloria por culpa del borreguismo del público. El insulto a quienes dejamos dinero en las taquillas y mantenemos de este modo el cine sigue siendo el habitual, pero es ahora adornado con el invento de la excepción cultural. Se trata, dicen, de poner aduanas al campo, bajo el pretexto de que los tostones que se acostumbran a hacer por aquí son, aunque nos parezca increíble, un bien de valor incalculable cuya gestión no se puede dejar en manos de las leyes del mercado. Ante la apocalíptica posibilidad de un mundo sin, por ejemplo, películas de Antonio Resines, situación que no seríamos capaces de soportar, vale todo.

La estrategia gabacha podría haber sido inspirada por un tebeo de Mortadelo si tuviese más gracia: gravar con un impuesto extraordinario la taquilla de películas extranjeras (léase americanas) para ayudar a mantener el cine autóctono con su excepcionalidad cultural, que tristemente consiste en hacer películas excepcionalmente malas. Si se les ocurriera aplicar ese injusto impuesto a los bocadillos de panceta y queso el asunto tendría más lógica que andar fastidiando precisamente a las salas de cine y al público, que son quienes mantienen la industria. Pero quienes realmente deberían cubrir esos gastos serían los propios cineastas, en concepto de indemnización por todos los daños y perjuicios que nos hacen padecer. Y si por su naturaleza criminal se ven impelidos irremisiblemente a robarnos el dinero, por lo menos podrían hacer gala de mejores modales para ello.

Con mucha más amabilidad y humildad, desde esta página les pedimos que dejen de preocuparse por nuestra identidad cultural, ya que la encontraremos con mayor agrado a en nuestras películas de bodas, bautizos y comuniones, para las cuales aceptaríamos gustosos todo tipo de ayuda económica que nos puedan brindar las buenas gentes del cine español. Así la gestión de nuestra excepción cinematográfica cultural la convertimos en una tarea de todos, mientras su peso económico podría recaer, en la medida de lo posible, en quienes dicen estar más preocupados.

Por favor, no queremos estados de excepción ni de sitio.