Publicidad

Concurso La Lista
Lo épico en el cine
Autor: Profesor Rocachitón
Fecha: 25/05/2004.

Lo épico en el cine

Un artículo de Profesor Rocachitón

Con la excusa del estreno de la película "Troya" de Wolfgang Petersen, bien vale la pena hacer unas cuantas reflexiones sobre el papel de la épica en nuestro celuloide. Está claro que la figura del héroe sigue viva en el cine gracias a la industria americana, pues el mundo cinematográfico europeo, al igual que la literatura, o cualquier otra forma de arte de este lado del charco, desprecia supinamente el carácter épico de las historias y personajes, y ha apostado definitivamente por la figura del anti-héroe, que está bien a determinadas horas, pero que tarde o temprano acaba cansando. De ahí que cualquier superproducción americana arrase en las taquillas, mientras que las sesudas entelequias comunitarias ven como sus rollos se apolillan año tras año.

Y es que los pueblos necesitan héroes. ¿Cuál es la diferencia entre un héroe y un antihéroe? Básicamente dos: en primer lugar el héroe está descrito tan sólo en rasgos básicos. Es guapo, alto, bueno y noble. Mientras que los antihéroes están descritos exhaustivamente. Tienen un físico concreto, una ideología compleja y una biografía completa llena de altos y bajos. El primer efecto de esta diferencia, es que cualquiera puede sentirse identificado con un héroe, porque sus características están tan estilizadas, que nadie se queda fuera del saco. No es lo mismo ser "guapo", que ser "moreno de ojos negro, un metro ochenta de estatura y 80 kilos de peso"; o para decirlo de otra manera: no es lo mismo "luchar por la justicia en el mundo", que luchar "porque la asociación de vecinos pueda impedir que construyan un polideportivo en el barrio, al tiempo que tu mujer tiene una aventura con el arquitecto del ayuntamiento". La segunda diferencia, pero no por ello menos importante, es que a los héroes les mueven grandes ideales lo suficientemente abstractos como para ser compartidos por todo el mundo. Los antihéroes sin embargo suelen luchar por cosas pequeñas, relativas a su propia vida y que en general, al gran público les importan muy poco. De ahí la genialidad de los "narradores" cuando consiguen hacer un héroe de un personaje que lucha por algo con lo que no tienen por qué empatizar los espectadores (efecto muy logrado sobre todo en el cine de Capra).

Todo esto viene a que "Troya" a pesar de ser una película épica, basada en uno de los mitos fundacionales de la épica como método de narración es una película hija de su tiempo. El guión ha intentado por todos los medios huir de la grandilocuencia propia de lo épico y como primer recurso ha decidido quitar la presencia de las divinidades en la historia. David Benioff ha querido humanizar a los personajes, y de ahí esa querencia a que todos ellos tengan grandes dudas sobre la conveniencia de la guerra. A pesar de que "La Ilíada" trata justamente de un larguísimo conflicto bélico, los responsables de "Troya" no han querido zafarse del muy cómodo discurso imperante y de indiscutible corrección política que condena la guerra sistemáticamente, basándose en la falacia hoy en día dominante de que la guerra sólo genera destrucción, argumento nacido del desconocimiento histórico, pues gran parte de las conquistas morales de toda civilización nacen siempre de la guerra.

No obstante, con buen criterio se ha mantenido gran parte del carácter épico y heroico de la historia. De ahí que ambos protagonistas luchen por lo que tienen que luchar, pese a que si la historia estuviera escrita hoy en día, posiblemente saldrían corriendo a la manera "Paris", que es un personaje bastante contemporáneo en su construcción: egoísta y más pendiente de los placeres materiales que de cualquier otra consideración (porque no olvidemos que aquí Paris no está obligado por la senda que le marcaron los Dioses. Paris toma sus propias decisiones). Aquiles (siempre hablando de la película), corresponde al arquetipo más antiguo de héroe que podemos encontrar en el film. De ahí, que pese a su humanización, conserve muchos rasgos que le relacionan con los dioses. Sobre todo, su apariencia compacta y casi indestructible en su comportamiento, un perceptible destino, a pesar de qué como ya hemos dicho, el guionista haya decidido introducir ciertas dudas en su conducta.

Héctor, sin embargo, correspondería a un héroe más bien romántico. Héctor no lucha desde el mandato divino. Héctor está mucho más cerca de los humanos. Héctor lucha por su familia, por su gente, por su patria. Aún así lucha, y en todos esos aspectos proyecta las superiores ideas de justicia, lealtad, nobleza. Paris, como ya hemos dicho, representa, al menos en primera instancia al anti-héroe, porque es el personaje ocupado de sí mismo, e incapaz de luchar. De ahí, que uno de los puntos elogiables de esta adaptación de Troya, sea justamente la habilidad para retratar el carácter épico del héroe incluso después de pasarlo por un acercamiento a la narrativa contemporánea.

Quizás deberían aprender un poco más del cine americano los europeos, que no se dan cuenta de que cuanto más creíble y próximo es un personaje, menos capacidad de empatía tiene pues más se representa a sí mismo y menos al género humano, y aprender que si el cine americano tiene esa capacidad de concitación de masas, no es tanto por sus campañas de marketing, que también, sino más bien por su capacidad para plasmar en la pantalla aquellos personajes que todos quisiéramos ser, al contrario que en Europa que seguimos empeñados en mostrar lo que realmente somos. Y eso, por muy mal que suene, gusta menos. Afortunadamente, siempre nos quedarán los Estados Unidos para recoger el testigo de las grandes creaciones europeas, y en concreto ahora me refiero a la épica, que nosotros con tanto donaire menospreciamos.