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Concurso La Lista
Gobernator
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 30/05/2004.

Gobernator

Un artículo de Pirulo de Quintanar

A estas alturas no llega ni a causar sorpresa encontrar los nombres de más de un miembro del artisteo local dando lustre a las listas electorales de alguna formación política de cara a las elecciones europeas, después de haber asistido a tantas chanzas acerca de la aventura política de Schwarzennegger. No siendo capaz de discernir diferencia alguna en ambos casos-exceptuando el hecho de que el actor americano se implicó realmente en su faceta de político, mientras que aquí la colaboración actoral no parece ir más allá de una maniobra de promoción mutua entre el partido y el famoso- no puedo entender por qué lo uno es tan gracioso y lo otro no. Bien pudiera ser que fuese yo la única persona en este país de expertos que no conoce en profundidad los entresijos de la política del estado de California. Es una situación muy parecida a la que siento en no pocas ocasiones en el cine, cuando el público a veces se pone a reír sin saber yo muy bien de qué. Pues esto es más o menos lo mismo.

Quede claro mi escrupuloso respeto por el derecho del ciudadano a participar de manera lícita en la vida política, derecho que asiste tanto a Schwarzennegger como a los actores a quienes le pagamos el sueldo, y a defender las causas que crean convenientes ya sea en su país o en cualquier pueblo remoto dejado de la mano de Dios. Aún más, en el caso de la gente del cine español, incluso les animo a ejercer su apostolado en lejanos e ignotos parajes. A ser posible desiertos también, pues no le deseo mal a nadie.

A muchos este derecho les parece más bien feo, razón por la cual la disfrazan de obligación moral impuesta por su posición pública y que, aunque les pese, deben cargar. Pero no es obligación, sino responsabilidad, lo que les impone la influencia que tienen en muchos sus palabras. Aunque sea por el simple hecho, por ejemplo, de enseñar el culo por la tele o cosas así.. Esto es algo que lo tiene muy claro Spiderman, y podrían también saberlo ellos si vieran más películas que las propias. Del “Gobernator”, apodo que han podido colgar a Schwarzennegger por haber encarnado un icono cinematográfico que lo trasciende, se han hecho aquí muchas burlas pero críticas a su gestión pocas, al margen de las muy fundadas acusaciones sobre su capacidad de gafe. Y si tenemos que hacer caso al chascarrillo fácil y elegir entre un androide venido del futuro para destruir a la humanidad y los actores españoles metidos a políticos, pues la elección no podía ser más fácil, sobre todo, si tenemos en cuenta que Schwarzennegger tiene una experiencia política de la que carecen nuestros paisanos artistas.

Dejando aparte las bromas sobre el político forzudo, se han llegado a escribir sesudos artículos periodísticos exponiendo ese caso como claro ejemplo de las cotas de banalidad que se han llegado a alcanzar en la política americana, a veces contraponiéndolo a nuestra seriedad y compostura. Y no iban de broma. No se si eso puede ser producto de la ingesta de sustancias tóxicas, pero yo me inclino porque ese debe ser el tipo de ceguera que los curas de antaño prometían que causaba el exceso de onanismo. Tanto buscar complacencia en uno mismo, mezclado con el tan extendido desdén antiamericano no podía desembocar en otra cosa. A menos que ese orgullo por las buenas maneras en nuestra política venga del hecho de que nuestros representantes políticos no se recorten las uñas de los pies en público, ni se escupan entre ellos, y teniendo en cuenta el ambiente tabernario que se vive en nuestra vida política, tampoco estoy seguro de que ello no deba de ser motivo de alivio. Mientras tanto, la gente se entretiene en buscar las causas de esta situación en el mundo de la imagen, y en particular también en el cine, que es de lo que tratamos aquí.

Claro que si el motivo por el que el gobernador de California es criticado es únicamente su militancia en un partido conservador, pues vale. Cada cual se retrata como quiere.