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Concurso La Lista
Presupuestos 2005
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 02/09/2004.

Presupuestos 2005

Un artículo de Pirulo de Quintanar

¿Qué harían ustedes con 60 millones de los nuevos euros, que tanto vértigo causan de intentar calcularlos en las antiguas pesetas?. Diez mil millones, peseta arriba, peseta abajo. Todos aquellos que hayan respondido "financiar a la camarilla del cine español" están de enhorabuena: esta es la dotación presupuestaria aprobada para el llamado Fondo de Protección Cinematográfica para el año 2005, que constituye prácticamente el doble que la asignada en el ejercicio anterior. Si el gasto total previsto para Cultura ese año es de algo más de 900 millones de euros, lo cual supone un incremento de un 6,5% con respecto a 2004, así a ojo podemos calcular que la mitad de este aumento dará más brillo a la calva de Luis Tosar, mientras que la otra mitad se repartirá en la financiación de archivos y bibliotecas, museos y exposiciones, conservación y explotación del patrimonio artístico entre otras muchas cosas.

No se dejen despistar por el desfile de cifras y porcentajes: sesenta millones de euros que salen del bolsillo del contribuyente, casi el doble de lo que gastamos el año pasado. Ha pasado ya la oscura y cavernaria época que tuvo que padecer el cine español, que tantas veces he denunciado aquí. Se acabó ya el mirar nuestro, el de nuestros actores y nuestros cineastas, los mismos de siempre, con una mezcla de vergüenza y asco. Hemos pagado, repito, sesenta millones de euros, para que la situación cambie. Dentro de doce meses podremos mirar al pasado y comparar las dos o tres películas que recordemos por aquel entonces con la nueva y deslumbrante filmografía del inicio del siglo de las luces del glorioso nuevo cine español. Un poco de paciencia y podremos saber hasta qué punto merece la pena cubrir a nuestros cineastas, los de siempre, de dádivas y prebendas.

Quienes somos, no obstante, más escépticos con los frutos de semejante esfuerzo económico, convencidos de que el cine seguirá igual, con la diferencia de que ellos serán más ricos y el país más pobre, y con la certeza de que, además, nadie nos lo va a agradecer, podemos fantasear sobre otros posibles destinos mucho más provechosos para ese dinero. Empezando por paliar los desperfectos causados en esa guerra a la que aludían en sus pancartas y que tanto les preocupaba. O mandar a nuestros soldados a Haiti en aviones que no se caen y, de paso, contribuir a poner remedio a la terrible situación que viven estos días como consecuencia de catástrofes naturales. Se podría gastar en luchar contra problemas sociales domésticos, como los que hacen referencia en muchas de sus películas, y donde todo el dinero invertido es poco. En investigación y ciencia podríamos ver multiplicada esta inversión en beneficios económicos y sociales. También nos quedamos cortos en el presupuesto de justicia, que en este país es lenta e ineficaz, y la situación en las cárceles es en muchas ocasiones lamentable, tal y como se denuncia en alguna película. Las calles de mi barrio están hechas un asco. Financiaríamos con más alegría el cine extranjero. Algo se podría hacer con la amenaza de que se empiece a cobrar por el préstamo en las bibliotecas públicas. En infraestructuras básicas, seguro que daba para algún capricho. Cien millones de cafés gratis nos mantendrían despiertos. Toneladas de ositos de gominola para los niños. Un montón de empastes dentales que no cubre la seguridad social. Muchos libros de texto. Becas y ayudas de estudio.

Puede parecer demagogia. Puede parecer incluso irónico emplear la demagogia contra la secta del cine patrio. Pero no por ello deja de ser una pequeña lista que no podríamos acabar de cosas que podríamos comprar con sesenta millones de euros que no nos sobran.

Se echa de menos uno de esos periódicos episodios de corrupción, en los que de un pelotazo desaparecen varios millones. Uno no puede evitar pensar cuando ocurren esas cosas que, por lo menos, alguien se va a dar la gran vida, y ese dinero ya no llegará a parar a las garras de la Academia del Cine donde, ¡ay!, a nadie aprovechará.