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Concurso La Lista
¡Qué joyas!
Autor: Punicher
Fecha: 08/02/2005.

¡Qué joyas!

Un artículo de Punicher

Otro año más pasa, y otra ceremonia de los Premios Anteriormente Conocidos como Goyas. Como siempre, ríos de tinta han corrido sobre la ceremonia en la que se entregan. Mucho se ha dicho sobre si por el pan reivindica el can, sobre si Almodóvar se ha enfadado o no, sobre si la inclusión de números y personajes televisivos en una gala de cine procede o es una muestra de incultura y le quita prestigio al premiado... en fin. Pero el caso es que de lo que no se habla, sobre todo en la prensa generalista, es que la ceremonia ha sido lamentable.

Sin duda lo que ha marcado el espectáculo ha sido el tema de la eutanasia. No sólo porque "Mar adentro" se haya llevado premios para los que casi ni estaba nominada (el premio al mejor guión adaptado que José Rivera no recogió ahí, ahí estuvo de ir a Amenábar, que como ya estaba en faena...). No sólo por eso, sino que tras tres tristes horas de tediosa y ridícula ceremonia hasta a un zagal sano, fuerte y de buen ver como yo le entran ganas de probar eso de la eutanasia. Y eso que es la ceremonia más corta desde hace mucho tiempo. No se sabe si por las quejas de televisiones y espectadores respecto a otros años o bien porque el Presidente Zapatero estaba allí y temían que de alargarse mucho suspendiese algún viaje al extranjero para recuperarse.

Con tal fin (el de acortar), los premios empezaron casi sin calentamiento. No bien tenía puesto Antonio Resines un pie en el escenario, que ya estaba anunciando los nominados, que tenían que acudir a recogerlo a salto y carrera, no fuera a ser que se les pasase la vez. A algunos, como a Amenábar, no les dio ni tiempo de sentarse entre premio y premio, y tuvo que salir de bambalinas a recoger el segundo de una serie de consecutivos. Para evitar que los galardonados se extendiesen en sus agradecimientos y jaculatorias, alguien tuvo la genial idea de rebuscar en los contenedores de basura del Teatro Kodak y rescatar los micrófonos retráctiles que tan ridículos resultados habían dado en Hollywood. Más o menos aquí pasó lo mismo. Pero gracias a Dios nosotros somos diferentes, nosotros somos así, nosotros nunca copiamos al demonio yankee.

El elenco de presentadores, como siempre, variopinto. Al simpático y dicharachero resines lo acompañaba Maribel Verdú (que parece que ha estado de Erasmus con las mujeres-jirafa africanas); también se pasó por allí Alaska, que ha cambiado a Iñaki Perurena por Montserrat Caballé y Raphael. Mucha más gente rellenó el escenario para acompañar a Jose Luís López Vázquez en su Goya honorífico. Si bien es uno de los pocos actores que nos quedan con algo de honra y cordura, su discurso se alargó lo indecible. Y ello provocó que pudiésemos ver a Andrés Pajares bostezando y mirando al techo; esto no sería especialmente grave si él no fuese uno de los que presentaban en ese momento.

Otras grandes boutades de la ceremonia fueron la entrada de Bibi Ándersen a caballo, muy práctico a la hora de entregar un premio. Luego el número musical de Victoria Abril, digno de estrellas decadentes a lo Gloria Swanson. Le falto decir al final "Son los Goyas, que se han hecho demasiado pequeños". Y dispararle al guionista. El momento in albi de Gala. El hecho de que cuando entregasen el premio al mejor director, la foto que se veía en los paneles era la de Saura, y no la de Amenábar. Del guiñol y el personaje de "Homozapping", mejor ni hablar. No es cuestión de que sean más o menos graciosos. Es que en una ceremonia como esa no pegan ni con cola.

Pero sin duda, el detalle más original de todo el invento ha sido el de incluir niños definiendo ciertos conceptos asociados al mundo del cine (guión, director, etc.). Uno no sabía si iban a entregar un Goya o un Gallifante. Probablemente a los padres y familiares de los críos les haya hecho una ilusión bárbara, pero que en general, junto con el resto de la ceremonia, a nosotros, que sabemos de esto, nos ha parecido un ladrillo, como diría Antonio Gasset.