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Concurso La Lista
Del pie del que se cojea...
Autor: Patuca Pompidur
Fecha: 02/03/2005.

Del pie del que se cojea...

Un artículo de Patuca Pompidur

Jaime Foxx y su hijaUn año más el brillo de los Oscars ilumina el panorama del glamour mundial. Pero antes de entrar en materia, reseñar el escándalo de la retransmisión de los famosos premios en España. Hasta a Los Ángeles han llegado los chascarrillos ante la aparición de Antonio Alvarado en la cadena de pago, reseñando los trajes de las divas. Pocos han sido los comentarios halagüeños hacia su look. Desde el famoso gag de Barrio Sésamo, todo el mundo sabe que es de muy mal tono permanecer cubierto en cualquier evento que tenga que ver con el cine. Sin embargo ahí estaba él, con su aspecto de colegial talludito que se niega a asumir la realidad, y con una visera que no apeó ni un momento y que le daba aspecto de enterrador ye-ye. Aún así, nada comparable a sus comentarios, entre los que se encontraban perlas como "Yo es que las pajaritas las veo fuera de lugar" o "A mí las galas me horrorizan. No me gustan nada ni los trajes de noche ni las joyas". Decir que las pajaritas están fuera de lugar después de que durante 77 ediciones la mayoría de los caballeros hayan elegido tal atuendo para la noche de los Oscar, viene siendo algo así como decir que está muy fuera de lugar que los cirujanos se laven las manos antes de una operación. El comentario sobre los trajes de noche, sólo puede querer decir que Antonio Alvarado, en sintonía con el cuarto centenario, hubiera preferido ver a todas las estrellas vestidas con el camisón del Quijote antes que con esplendorosos vestidos de Dior o Armani. Camisón y gorro con borla incluido.

En cuanto a la ceremonia en sí, decir que el espíritu del actor secundario Bob estuvo muy presente. Básicamente en la cabeza del cantante de Counting Crows y en los pies de la hija de Jamie Foxx. Y luego añadir que Chris Rock incluso susurrando, grita en demasía. Yo no dudo de su gracia si previamente se ha suministrado al público gas de la risa. Pero escuchar durante tres horas esos gritos estridentes fue más de lo que una reportera con tanto charm como yo puede soportar. Sin lugar a dudas, Robin Williams y Mike Myers estuvieron infinitamente más graciosos que él. Y sólo le perdonamos el momento en que dijo esa verdad como un templo que todos piensan y nadie se atreve a decir: ¡Cómo aburre Tim Robbins cuando se pone en plan político! Este año nos ahorró el discursito, pero no la nota de horterez con una corbata marcada con el símbolo de la paz, como si acabara de llegar de una cápsula espacio-temporal. Y qué ordinario queda eso de llevar las ideologías colgadas de la solapa. Como si el fuera la única persona del mundo a favor del pacifismo...

Los españoles, como no podía ser menos, pusieron el toque trapajoso. En primer lugar, Alejandro Amenábar comparando la Red Carpet con la venta de pescado. ¡Por favor! Me parece un comentario tan soez, que ni siquiera me voy a parar en él. Nacho Vigalondo haciendo gestos codificados a sus amigos cada vez que salía en pantalla... pero, ¿es que ni en la fiesta más importante del mundo son capaces de comportarse como señores? Antonio Banderas, hiperactivo, cada vez más próximo al estilo Raphael, contrayendo y relajando los músculos de la cara espasmódicamente cuando creía que nadie le miraba. En cuanto a su asesinato con alevosía y ensañamiento de la canción de Jorge Drexler, mejor no hablar. Y en cuanto al propio Jorge Drexler, muy bien su discurso de recogida de su Oscar. Breve, elegante y lleno de significado. Aunque sus añitos en España le han hecho contagiarse de los peores usos celtibéricos, e, ignorante de que esos micrófonos tienen alcance suficiente, se retorció como una lombriz para estar a la altura, retrotrayéndonos a los jorobados de los Goyas.

Los trajes este año todos iguales. Mucho palabra de honor ceñido hasta media pierna con bajo evasé. Emmy Rossum, Sandra Oh, y Renée Zellweger absolutamente iguales de rojo. Aunque Renée, que por cierto este año estuvo varias horas en la Red Carpet intentando acaparar la atención, cada vez se parece más a la Barbie. Inanimada, de plástico y sin caderas. Giselle Bundchen, de Dior, con un estilo muy Ibiza. Virgina Madsen, elegante, aunque no tanto como Helen Mirren a los años 10. Julie Delphie, después de lo que creemos ha sido una extirpación de pecho, totalmente de saldo. Ellen Barkin, a medio camino entre una hare krisna y el butanero. Elle McPherson, absolutamente espantosa, con una pelota de papel albal engurruñado pegada en el pecho. Maggie Gyllenhaal, fatal, con un vestido que parecía desteñido más una pañoleta de lentejuelas atada a la cadera. Compitiendo por el peor traje con Zooey Deschanel, que lució un diseño modelo efecto óptico, que causaba el mareo y la náusea por allí por donde iba.

Entre los caballeros, Robin Williams de espanto con una camisa fucsia a juego con la raya lateral del pantalón. Pero se le perdona porque él siempre ejerce de payaso. Johnny Depp, igual de mal que siempre. Con el pelo sucio, zapatos bicolor, y un broche en el cuello cuya forma aún estamos discutiendo en la sala de corresponsales. Prince cambió de modelo en una ocasión, resultando tan nefasto la primera como la segunda vez, pero es que.. Prince es Prince... En cuanto a los peinados, este año bastante mal todas, encabezando la lista Laura Linney, cuyo traje no sólo parecía un tubo de papel higiénico con el bajo como pasado por las uñas de mi gata, sino que adornada con un maquillaje matador, llevaba el pelo pegajoso y tieso a la vez. Salma Hayek, aunque guapa, parecía que llevaba una huevera en la cabeza. Que por cierto, Penélope y ella parecen gemelas. Gemelas o siamesas, no sé. Y por último Natalie Portman que subida al carro de lo épico apareció vestida de peplum, con un traje que no acabó de convencer en los círculos más selectos.

Los momentos más emotivos sin lugar a dudas, los Oscar de Clint Eastwood como director, dispuesto a dar mucha más guerra, Hilary Swank, elegantísima en todos los sentidos, dedicándole su premio al resto de las nominadas, Morgan Freeman acordándose de alguien en el cielo en su discurso, no sabemos si sería Dios o San Pedro, y Jamie Foxx, que se acordó de su hija mientras sostenía la dorada estatuilla en sus manos. Claro, que Corrine, que así se llama la niña, debe de ser un apoyo inestimable para su padre, porque con esa niña, es imposible perder pie.

¡Hasta el año que viene, Oscar! Ya te estamos esperando con impaciencia.