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Concurso La Lista
Camino a la perdición
Autor: Blaue Engel
Fecha: 16/03/2005.

Camino a la perdición

Un artículo de Blaue Engel

Van a cerrar bastantes cines de la Gran Vía para reconvertirlos, dicen, en otra clase de servicios.

Sólo quedarán en pie como tales, no más de seis.

La noticia anonada.

Las salas, las grandes salas, las salas clásicas expiran, y con ellas, los sentimientos que aún perviven en las gentes que contemplaron en ellas desde el principio, la fantástica prestidigitación del cinematógrafo.

Era la calle mítica de Madrid.

La calle de todos los tiempos, de todos los grandes estrenos.

Los ojos de los viandantes se quedaban prendados en sus alturas, desde donde las gigantescas imágenes anunciadoras se elevaban sobre los peatones representando inmensos y maravillosos iconos que sellaban promesas de emoción, glamour y fantasía.

Carteles imposibles; tentaciones que invitaban a calmar preocupaciones en tiempos de miserias y amargos sabores. Carteles que incitaban a desear vivir en los amables y esperanzadores mundos de Frank Capra, a estremecerse con las sombras inquietantes en las que se movía Humphrey Bogart, a sentir los sensuales y terribles besos de la muerte prodigados por las bellas fatales, a izarse sobre las penas al compás de los bailes de Fred Astaire y Ginger Rogers, a palpitar con las canciones de Bing Crosby y Judy Garland., a reír con la comicidad de Stan Laurel y Oliver Hardy, a aventurarse con Sabú y María Móntez en los edenes orientales creados por la imaginación portentosa de los grandes vendedores de sueños.

Sueños de los que fueron reinas entre otras muchas Lillian Gish, Jean Harlow, Rita Hayworth, Bette Davis, Bárbara Stanwyck, Marilyn Monroe, dentro de una autentica galaxia de brillantes estrellas. Y, junto a ellas, hombres míticos, imágenes viriles, galanes plenos de energía que dominaban el corazón y las pasiones con sólo salir su nombre en los títulos de crédito.

Actores como Leslie Howard, Dana Andrews, Clark Gable, John Garfield, Charles Laughton; películas como El halcón maltés, El ángel azul, Eva al desnudo, La bella y la bestia, La kermesse heroica, Perdición.; y directores como David Griffith, Howard Hawks, Otto Preminger, Billy Wilder, William Wyler, Stanley Donen.

Después vinieron otros tiempos y con ellos otros rostros, otros caracteres, otra filosofía y forma de hacer, otros adelantos hasta llegar a la era de la digitalización. Pero con todo, de vez en cuando en los inmensos cartelones reclamo de la Gran Vía, todavía se podía ver el gabán de Matt Damon al viento, encuadrando su cuerpo de héroe actual.

Pero ahora nos quitan los que fueron templos de amor, lujo, guerras, misterio, ensueños. Templos a los que se iba para rendir homenaje y enamorarse de la mirada de Audrey Hepburn, para admirar a Jack Lemmon y acompañar a Tom Hanks camino a la perdición.

Nos quitan los cines de la Gran Vía.

Esos cines mágicos que posibilitaron al espectador temprano, llegar a conocer a los más grandes dioses del Olimpo de los sueños.