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Concurso La Lista
El gran cine pierde otro icono
Autor: Blaue Engel
Fecha: 28/04/2005.

El gran cine pierde otro icono

Un artículo de Blaue Engel

Hacía mucho tiempo que María Schell se había aislado del mundo. La actriz austriaca, a solas con su perro, vivía retirada en la casa que la familia poseía en la región alpina de Carintia, desde que Viena fue ocupada por los nacional-socialistas. María vivía alejada de la profesión y de todos los oropeles que la circundan. María fue elevada a ídolo de la televisión por la juventud vienesa, alemana y austriaca tras la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo los pasos de su madre, empezó su carrera cinematográfica a los dieciséis años y desde entonces sus personajes dejaron huella en los amantes del cine.

María Schell era una figura representativa del cine de los 50, y una de las poquísimas actrices alemanas que alcanzó fama internacional.

María se casó dos veces. Con su primer marido tuvo un hijo y con el segundo una hija. Recibió ocho premios "Bambi" por sus interpretaciones, y uno especial por su trayectoria. Pero, sin duda, sus premios a la mejor actriz concedidos tanto en Cannes, como en Viena, por su creación en la película hoy de culto, "El puente", de Helmut Kaentner, la catapultaron a Hollywood.

Sin embargo, su vida fue tumultuosa y pocas veces feliz. Inmersa en el alcohol y las drogas hizo de ellos antesala de un intento de suicidio. Su hermano Maximilian, a quien ella adoraba, llevó con sensibilidad y realismo su vida a la pantalla con el título "Mi hermana María" que ella calificó como "un maravilloso documento".

Presa de profundas depresiones su ocaso en el cine fue lento y agónico.

Cierto es que su vida reúne suficientes e importantes elementos para seguir llenando este obituario con infinidad de datos biográficos; que fue partenaire de algunos de los más grandes artistas y que trabajó a las ordenes de insignes directores; pero todo eso puede encontrarse en cualquier revista especializada.

Hoy, aquí, preferimos abordar desde nuestra humilde experiencia, aquello que se sale de la cotidianeidad más o menos lejana y fría, para adentrarnos en la esencia de la personalidad que se adivinaba a través de sus ojos. Unos ojos que quedarán para siempre en la retina de quien, a su vez, pudo contemplarlos.

Azules, serenos y dramáticos, su reflejo húmedo de dulce tristeza conjugado con una suave sonrisa, marcaron sus interpretaciones en películas inolvidables como "Noches blancas" de Luchino Visconti o "El árbol del ahorcado" de Delmer Daves, entre otras.

Si hay actrices que transmiten la carnalidad, María Schell transmitía la delicadeza, la finura, la luminosidad y el espíritu de un ser especial cuya alma se escapaba de la pantalla para albergarse en la nuestra. Los ojos de María nos hablaban de dramas íntimos, de angustias irredentas. Eran las ventanas por las que se vislumbraba  un mundo inmaterial y místico no exento de ansiedades.

Maria Schell, a quien llamaban el ángel rubio, ha cerrado sus ojos. Pero los buenos cinéfilos, los que saben donde está la maravilla, la buscaran, y retendrán esa mirada que tan generosamente nos entregó envuelta en celuloide.

María Schell, nació el 15 de enero de 1926 en Viena
Era hija de escritor suizo y  actriz austriaca.
Falleció el 26 de abril de 2005 en un hospital de Graz, en Austria.