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Concurso La Lista
El cocinero, el programador, su mujer y su amante
Autor: Punicher
Fecha: 07/10/2004.

El cocinero, el programador, su mujer y su amante

Un artículo de Punicher

Muchos se preguntan (lo sabemos porque también nos lo preguntan a nosotros) por qué en la televisión el cine recibe ese tratamiento infame que nuestros egregios programadores (en el sentido televisivo del término) les dan. Tras luengas investigaciones, y como es habitual en nosotros, no sólo tenemos una respuesta, sino varias.

La más evidente es, sin duda, la publicidad. La televisiones se dividen en tres grupos: las que viven de la publicidad, las que viven de la publicidad y lo público y las de Polanco. En general en todas ellas se estiran los minutos de publicidad como el dinero a fin de mes, y no es extraño que aparezcan trucos baratos como ese minuto cronometrado que Telecinco nos regala entre serie y serie para luego poder colarnos un cuarto de hora en cuanto uno se descuida. Así que las películas que tienden a ser en general largas, son cortadas para permitir la inserción óptima de anuncios de las maneras más diversas: despreciando los momentos anticlimáticos y cortando en escenas tan apropiadas como catarsis, tiroteos, resolución de pruebas de ADN o Darth Vader diciendo "Luke... yo soy tu..."; mutilando presentación y créditos, efecto este último muy apreciado por cinéfilos de pro y gafapastas bufanderos, que siempre se quedan sin saber quién era el ayudante de vestuario del caballo de Espartero, dato sin el que por lo general no pueden llevar a bien sus cineforums. Una nueva forma de tortura visual se empieza a generalizar, y es la inclusión de sobreimpresiones autopublicitarias (la serie de moda del momento) en medio de la película, para que nos enteremos que Jorge Sanz retrasa su aparición en la tele. Si bien este tipo de mensajes resulta molesto, es muy útil para todos aquellos que por prescripción médica no podemos ver a Jorge Sanz.

Otra hipótesis sería la teoría de la conspiración. En la tele solo se le hace la puñeta al cine que más televidentes atrae; éste, oh sorpresa, es el americano, generalmente. Así que la camarilla de productores de cine español envía a sus regidores-suicida a toquetear las programaciones de las televisiones para que el visionado de cualquier película que no presente al menos tres o cuatro planos de actores en pelotas y/o a Victoria Abril meando no pueda ser vista por un ser humano normal.

Claro que a mí, personalmente, la explicación que más me convence cuantas más horas paso delante de la televisión es que los programadores nacionales adoren a algún oscuro señor del caos que los favorezca cuando le hacen la puñeta a la gente. Sólo así se explican los cortes publicitarios, la existencia de series como "El inquilino" y el hecho de que el Gran Wyoming vuelva a la tele. Bueno, puede que esto último tenga alguna explicación un poco menos esotérica y más mafiosa.

En todo caso, Dios bendiga al DVD, diga lo que diga y canonice lo que canonice la SGAE.