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Concurso La Lista
El público invisible
Autor: Pirulo de Quintanar
Fecha: 20/11/2004.

El público invisible

Un artículo de Pirulo de Quintanar

Hay instituciones que de manera tozuda se aíslan de la sociedad y se niegan a adaptarse a los nuevos tiempos. Tras esta presentación el lector avispado ya se habrá dado cuenta de que estoy hablando, una vez más, de la Academia de Cine.

Según un informe presentado recientemente, cerca de tres millones de espectadores menos el año pasado es el resultado del abismo que separa al público de nuestros cineastas. Hay quien se pensará que estas lamentables cifras colman de alegría los antipatriotas corazones de esta redacción. Nada más lejos de la realidad. Resulta realmente triste encontrarse cada vez menos representados por gente que ante el despecho se prodiga en groseras descalificaciones, y cada vez más identificados por ese 50% de espectadores que, según una encuesta, huye del cine español como el vampiro de los ajos.

Es este último un dato quizás más significativo de la situación que atraviesa el cine español. La falta de crédito es ya tal que la mitad de los espectadores rechaza en principio una película por ser española, porque gran parte del público asocia la marca de casa como sinónimo de mala calidad. Esta incontestable realidad no puede ser justificada con los habituales balbuceos lastimeros acerca de la abusiva posición de poder de la potente industria americana y sus ciclópeas promociones, pues ello a lo sumo supondría que las películas no consiguieran acceder al público, pero en ningún caso la imagen negativa que se ha labrado durante tantos años. Esta es la pesada herencia que se empeñan en legar a nuestros futuros realizadores.

Y ahí es donde siguen, año tras año, convencidos por los chamanes de la tribu, pero contra toda evidencia, de que la mala salud de su industria es producto de la agresión americana. Me atrevería a sugerir que pidieran auxilio a la bruja Lola en lugar aplicar su habitual remedio consistente en un mayor proteccionismo y más subvenciones, pero contra posturas dogmáticas es vano argumentar. Sí me gustaría, no obstante, rogar un poco más de respeto a quienes no compartimos su credo, y desmentir las grotescas afirmaciones de que viendo cine americano se queda uno ciego, calvo y tísico.

La próxima vez que vayan a un multicine, piensen que aproximadamente la mitad de la gente que salga con usted prefiere ver el cine español cuanto más lejos mejor. Y habrá de todo: hombres, mujeres, niños, bomberos, pensionistas y algún mariachi. No son unos monstruos embrutecidos llenos de odio y rencor y carentes de sensibilidad artística. Son gente normal que no ha encontrado realizadores españoles que hagan cine para ellos. Y son muchos y la Academia del Cine no los ve. Ésta y no otra es la verdadera razón por la que el cine español genera, año tras año, un mayor número de butacas vacías.