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Concurso La Lista
Los Goya, en directo
Autor: P@j@rita
Fecha: 30/01/2006.

Los Goya, en directo

Un artículo de P@j@rita

Mal empezaba la cosa, mal. La primera conexión con los Goya, la primera imagen, iba acompañada de las declaraciones “No oigo nada, no oigo nada”, de la corresponsal del Telediario en el magno evento. Todo un presagio. A partir de ahí, cuesta abajo. El escenario simulando una sala de cine, y las entradas de los presentadores, Concha Velasco y Resines, a golpe de sus películas proyectadas en una pantalla trasera. Se notan los millones que ha dedicado el ministerio, frente a los ranchitos de otros años, pero en los Goya aún no se han dado cuenta de que las galas han de ser galas; ni obras de teatro, ni series de televisión, ni stand-up comedy. Galas.

Se abre la gala con el discurso de la presidenta, Sampietro, lo de siempre. Qué bueno es el cine español, que buenos somos, cómo progresa el cine español, que mientras el americano pierde diez puntos, nosotros subimos tres. Un resumen de los mejores momentos de las anteriores galas: una contra la guerra, otra a favor de la libertad de expresión, y otra, sí señores sí, alzando las manos blancas contra el terrorismo. A mí que me registren. Como es habitual también ha repetido el Padrenuestro de todos los que tienen la culpa de que el cine español no vaya mejor: los americanos, las teles que son malas (porque sólo están obligadas a dar mucho dinero al cine, en lugar de todo el dinero), la crítica a la que no le gusta el cine patrio y los piratas. Añade que ellos (los cineastas) han seguido haciendo cine contra viento y marea. Será mas bien que hacen cine que marea.

Siguen Velasco y Resines repitiendo de nuevo lo bien que va el cine español. El leit motiv de la noche son los veinte años de gala que hemos aguantado con resignación cristiana entre el aburrimiento y el insulto (esto lo digo yo, no ellos), y la suicida comparación entre películas y actores de los ochenta con cosas más modernitas, por ejemplo, “El bosque animado” y “Obaba”. Todo regado con larguísimos discursos que sin duda justificarán la extrema duración de la ceremonia.

El actor de reparto para Carmelo Gómez, que tras una tensa espera recoge el premio, se sube los pantalones en el escenario (lo juro), y agradece en su discurso a Pilar Miró, con las palabras: “A Pilar Miró, una mujer que fue una gran pérdida para el cine español”. Suponemos que realmente se referiría a su muerte. Sigue, tras unos cuantos discursetes, mejor vestuario. Para mi sorpresa está nominado “El reino de los cielos”, qué sorpresa. Como era de esperar, no se lleva un duro, no sea que los americanos se lleven nuestros premios, que ya se nos llevaron Cuba. Supongo que esta nominación habrá hecho correr los teletipos en Estados Unidos, y cambiar miles de quinielas y predicciones para los Oscar. Seguro.

El mejor director novel es para José Corbacho y Juan Cruz, los payasos de Micolor, por “Tapas”. Otro de los momentos surrealistas de la gala tiene lugar cuando, al presentar el Goya a la dirección artística y repasar “Asignatura pendiente”, premio a la mejor dirección para Garci, Sancho Gracia dice: “Teníamos preparadas unas palabras amables sobre el director, pero en el último momento nos han dicho que no digamos nada porque él no quiere”. Surrealista. Elsa Pataki le entrega dicho premio a Gil Parrondo, por “Ninette”. Parece que la tónica es que el consorte del presentador de los premios marque el premiado: sale Elsa y gana “Ninette”, sale Verónica Sánchez y gana “Camarón”. Cada año más emoción.

Reanuda la ceremonia tras un intermedio, y mientras el público todavía se está sentando, paseando por delante de la cámara, un repaso del musical español. En el que se incluye “Brácula: Condemor II”. La mejor música ha sido la de “Habana blues”, por supuesto, demostrando lo bien que está el cine español. Los mejores efectos especiales son para “Frágiles”, como debe ser. Parece que la Filmax está formando la cantera de técnicos que necesita de verdad el cine español. Llama la atención que ni “El reino de los cielos” ni “Sahara”, que son pelis españolas, estén nominados.

El premio a los mejores efectos de sonido, “Obaba”, regado con gritos desde el público. A veces, más de las que quisiéramos, los premios siempre terminan por parecer una función del instituto. El premio a la mejor película extranjera de habla no hispana se reduce a la mejor película europea, “Match point”, que dice que ganar el premio es una de las grandes emociones de su vida, en vídeo, porque aunque es una de las grandes emociones de su vida, y es un honor, y está maravillado, Woody no ha venido a la gala. Recoge el premio su productora que, no sin ironía, recoge las palabras de Allen en las que agradece que le consideren un director europeo.

La mejor película extranjera de habla hispana es para la argentina “Iluminados por el fuego”. El discurso de agradecimiento de los premiados termina con la sempiterna lección moral de los cineastas, recordando como la España heroica salió a las calles a gritar “no a la guerra” y como Estados Unidos y Reino Unido promueven “una guerra genocida contra el queridísimo pueblo iraquí”. Tendrá muchos parientes allí.

La mejor actriz de reparto es Micaela Nevárez, por “Princesas”, que ha dicho que la música de Manu Chao es elegante. El mejor montaje es para “Habana blues”, Jose Luís Galiardo interrumpiendo al premiado para chupar algo de cámara, recordándole que sea breve, aunque sea Argentino, que no lo es. Luego él se olvida del nombre de Benito Zambrano, director de la película, que Galiardo le recuerda, asaltando de nuevo el micrófono.

El Goya a la mejor canción es presentado por Carmelo Gómez, que hace una demostración, junto con Resines, del peor humor que un hombre puede aguantar sin suicidarse. Gana el orensano Manu Chao, muy elegante, y recoge en su nombre la representante de la organización para la defensa de las prostitutas españolas, que da el mejor discurso hasta el momento, por su brevedad y compostura.

El mejor actor revelación es Jesús Carroza, de “7 vírgenes”, que demuestra que pertenece a la escuela clásica de dicción española, junto con los actores de “La gran aventura de Mortadela y Filemón” o Juan José Ballesta: la de dicción inexistente. Presentan el Goya a la mejor actriz de reparto Ana Torrent y Eduardo Noriega: malos chistes y risas forzadas, de nuevo. Gana Elvira Mínguez por “Tapas”, que es en medio de su emotivo (y muy, muy largo) discurso se ve asaltado por Corbacho y Juan Cruz, que entran gritando en el escenario, la enésima muestra de elegancia y estilo de la noche.

Veinte minutos de presentación para el Goya honorífico de Pedro Masó, uno de los más grandes productores, directores y guionistas del audiovisual español, por parte de Imanol Arias, que detalla su biografía. Comienza su discurso Don Pedro corrigiendo a Imanol y termina con un “el tiempo es oro”, que marca su breve intervención.

Larguísimo in memoriam, que incluye a un atrecista, a un jefe de transportes y a numerosos críticos de cine. Debería quejarme por la manera en que ha alargado la ceremonia, pero uno nunca sabe dónde terminarán sus huesos.

El mejor maquillaje y peluquería se lo ha llevado “Camarón”, de la mano de José Sancho y José Sacristán, ayudados por Leticia Dolero. Tras unos minutos de publicidad, reabre Santiago Segura, presentando el mejor guión adaptado, manteniendo su línea de humor friki/políticamente incorrecto, típico de esos que se creen más listos que los demás. Gana “El método Gronholm”. Acto seguido dobla con el mejor guión original para Isabel Coixet por “La vida secreta de las palabras”; bromea sobre sí misma y su ridícula y balbuceante intervención en la edición anterior, con un discurso muy en la línea de “a qué huele lo que no huele”.

Juan Diego y Marisa Paredes presentan el premio al mejor corto de animación, “Tadeo Jones”, mejor corto documental para “En la cuna del aire” que recogen el premio mascando chicle y agradeciendo a “la televisión española de este país”, y mejor corto de ficción para “Nana”.

La mejor película de animación es para “El sueño de una noche de San Juan”, de Dygra Films, que se consolida como peso pesado en el sector. Recogen el premio citando a Shakespeare. Sorprendente. La mejor película documental es “Cineastas contra magnates”, película sobre los grandes del cine, a los que la dedica su director, Carlos Benpar.

Amenábar le entrega el Goya a la mejor fotografía a Jose Luís López Linares, por “Iberia”, la primera película española en alta definición. El mejor diseño de producción dice Eduard Fernández que es para “La vida secreta de las palabras”, y comienzan los Goya grandes, estratégicamente situados al final de la gala, que ya lleva tres y horas y media. Curiosamente otro repaso al musical español al ritmo de Victoria Abril cantnado “Evil as I can be”, muy apropiado, y que además da paso al (esperemos) último corte publicitario.

Jorge Perugorría y Lolita presentan al mejor actor protagonista, Oscar Jaenada por su encarnación de Camarón, que termina su discurso con la palabra joder, que se vea bien que somos españoles. Siguen Leonardo Sbaraglia y Silvia Abascal, presentando el premio a la mejor actriz: Candela Peña por “Princesas”. Más cheli que nadie, ostia y colegones, superemocionada.

El enésimo vídeo de Fernando Fernán Gómez abre paso a Ernesto Alterio y a Belén Rueda, que entregan el Goya a la mejor dirección a Isabel Coixet, convertida en la gran triunfadora de la noche y que se enfrenta a la prueba de otro discurso. Sin remisión vuelve a caer en el balbuceo.

Con lágrimas en los ojos llego al último premio de la noche, a falta de que me den uno a mí por ser el único español vivo que se ha tragado la gala entera. El Goya a la mejor película lo presenta Banderas, que a juzgar por el vídeo que lo introduce no ha hecho ni una sola película desde que ha salido de España. Como era de esperar, gana “La vida secreta de las palabras”, que definitivamente se lleva el gato al agua, en una ceremonia bastante repartida. El discurso le reclama a la presente ministra una excepción cultural, puesto que ahora resulta que el cine español, que este año ha subido en espectadores y ha recaudado más dinero que nunca, hecho del que todo el mundo se ha glorificado en la ceremonia, no se hace para ganar dinero.

Y Antonio Resines pronuncia las palabras que todos esperábamos: “Se ha acabado la gala, señoras y señores”.

Resumiendo, una eterna ceremonia con el mismo aburrimiento, desvergüenza dialéctica culpando a todo el mundo por el lamentable cine que se hace en España, la misma falta de seriedad y la misma chabacanería de todos los años. Veinte años cumplen los premios, y veinte años que parece que ha durado la ceremonia.