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Concurso La Lista
Alatriste es español
Autor: Profesor Rocachitón
Fecha: 09/09/2006.

Alatriste es español

Un artículo de Profesor Rocachitón

Cuesta recordar un batacazo tan sonoro como el de "Alatriste" en el cine español. Un fracaso lamentable, que tira por tierra las expectativas del cine nacional de convertirse en una industria, no sólo rentable, sino conectada a su público, ofreciendo productos que generen en los espectadores auténticas ganas de ir al cine, y con posibilidad de abrir nuevos mercados con la exportación de las obras patrias. No sólo por la procedencia de su presupuesto sino también por sus valores culturales.

Desafortunadamente nada de esto ha pasado, ni pasará. Y después de este fracaso es posible que, tras este tímido y malogrado, pero carísimo intento, el cine español se vuelva a enrocar en "historias intimistas", de "autor", de "proselitismo maniqueo". En definitiva, nos aguarda un futuro de anquilosamiento en un cine que no sólo no interesará a nadie más allá de sus propios artífices, sino que además seguirá contribuyendo a la degeneración de la cultura española como tal.

Por mucho que admiremos a Pérez Reverte como prácticamente el único autor español capaz de entablar una relación sólida con su lectores, el único capaz de recoger tradiciones culturales nacionales que el resto de los "creadores" desprecian, pero que el ciudadano de a pie sigue apreciando, porque al fin y al cabo es lo que es su legado, por mucho que le admiremos, se ha equivocado en este proyecto y se equivoca si insiste en defender algo que es indefendible. Barata vende su creación si no la protege, aunque sea a posteriori, de semejantes embistes.

Incluso para el más lego, "Alatriste" tiene fallos incomprensibles. En el propio plano empresarial, cuesta entender por qué lo que podía haber sido una serie, una saga audiovisual, posiblemente la primera exportable de la cultura española contemporánea ha sido reducida a un sólo filme. Las secuelas cinematográficas no son una exclusiva de USA. Nuestros vecinos europeos también ejercitan el sano derecho a crear personajes legendarios que vivan más de una aventura. Alatriste, como personaje, poseía ese potencial de manera extraordinaria. No sólo es un caracter bien planteado, con los atributos necesarios de héroe/antihéroe (sin meternos muy a fondo en la calidad de Reverte como escritor), sino que además ofrecía la posibilidad de recrear un período de la historia de España que por algo se llamó el Siglo de Oro. Un momento en el que España dominaba el planeta, y un tiempo en el que marcaba las pautas culturales y sociales a todo el orbe conocido. Y no decimos esto con afán de volver a épocas imperiales que obviamente no volverán, sino como un ejercicio de historia, de recordar al mundo lo que los españoles hicieron o dejaron de hacer, en este momento en el que no somos más que una triste comparsa de la escena internacional.

Este error empresarial, gravísimo y obtuso, genera o nace de, un error creativo de primer orden: el absurdo de intentar compilar cinco novelas en una sola película. El resultado a la vista está. No sólo se trata de un filme largo y tedioso, sino que además carece de trama, no sólo principal, sino incluso secundarias, quedando la película totalmente huérfana de historia y limitándose a ser una yuxtaposición de escenas, momentos, sin hilación ni interés. De este fallo estructural se deriva el hecho de que los personajes, durante las dos horas y media de metraje, incluído Alatriste, sean unos desconocidos para el público, pareciendo algunos de ellos auténticos añadidos ininteligibles en el contexto general, como el del portugues Pereira, a cuyo drama con la Inquisición de pronto asistimos, sin que nadie pueda entender a qué viene aquello o quién es ese hombre, por poner un ejemplo a vuelapluma.

Lo mismo acontece con la historia de amor, desgranada con tan poco acierto, que ni emociona ni empata, y no hay fotografía que salve una trama mal planteada. Porque mucho se ha hablado de la fotografía de esta película, pero al estar el filme tan falto de intención o dirección, la fotografía resulta asímismo vacía y hueca, más pendiente de presentar un muestrario de estética barroca que dar intención a las escenas, con claroscuros repetidos que ni ponen ni quitan dramatismo ni ayudan en ningún momento a que la historia tenga algo más de significado. Otro tanto pasa con las escenas de lucha, que sometidas al férreo yugo del pseudo-realismo, han acabado siendo unas escaramuzas sin planteamiento ni desarrollo congruente, sistemáticamente rodadas con poca amplitud de miras, y definitivamente carentes de de coreografía. Por mucho que un cineasta busque el realismo, hay que tener siempre presente que el cine es una experiencia estética, y en aras de esa estética ha de sacrificarse todo lo que haga falta, realismo incluido. Qué gran ocasión perdida para mostrar la esgrima de los españoles del siglo XVII, tan poco contemplada en el cine por la desidia de nuestros cineastas locales, y no sólo de la manera indolente con que aparece retratada en "Alatriste", sino con planos cuidados que hubieran añadido un tanto de "arte" al conjunto. Cualidad ausente en todo el metraje.

La recreación de las localizaciones sufre de la misma ignorancia y d ela misma falta de respeto por el proyecto que se tiene entre manos. El espectador no entiende por qué no ha podido ver en "Alatriste" como era la España del siglo XVII, ni cómo eran los edificios, ni las estancias. No entiende por qué no ha aprendido nada sobre cómo vivían los españoles en aquel momento. Se nombra en un momento dado el "guardainfante", sin que nadie llegue a explicar nunca lo que es...¡con lo fácil que hubiera sido retratar a una dama vistiéndose para que el público pudiera contemplar por lo menos lo complejo de aquellos ropajes...! Nada. Una película plana en la que nada pasa, ni nada se explica. Hasta en "Piratas del Caribe" hablan de los corsets sabiendo integrarlos posteriormente en la trama.

Pero, ¿qué es lo importante de todo esto? Lo importante de todo esto, es que "Alatriste" da la medida de cómo funciona el país. No es más que el escaparate amargo de una forma de ser heredada desde el gran desmoronamiento. ¿En qué otro país del mundo se hubiera permitido que un director cuestionable, con tan sólo dos películas previas, la segunda un fracaso, se hiciera cargo de algo así? ¿En qué país del mundo se hubiera permitido que un director que jamás ha trabajado en el género de acción, maneje 22 millones de euros, sin ningún tipo de garantía? ¿En qué país del mundo se permite a un guionista de tan cuestionable experiencia, tan sólo siete proyectos, muchos de ellos fiascos, hacerse cargo de una de las sagas más exitosas de la narrativa contemporánea? Y no sólo eso: estamos hablando de un guionista cuestionable, que a la par es el director, también cuestionable, con la falta de perspectiva que eso genera.

"Alatriste" trasluce una falta de sentido común escandalosa. Es absolutamente incomprensible que no hubiera ni una sola voz que alertara de tantos despropósitos como por ejemplo que el acento de Viggo Mortensen es intolerable para un español del siglo XVII. El visionado de esta película equivale a asistir al guateque de un grupo de adolescentes cautivos en su propia egolatría, sin que un sólo adulto ponga algo de cordura en todo el asunto. Y todo esto, ¿por qué? Porque no se pierde dinero. Porque en España el mercado aún no ha entrado en la fase adulta y seguimos en el sistema de la paga de los viernes. Veintidos millones de euros aportados en gran medida por el erario público, que poco importa que sean rentables o no. Pero no sólo a nivel económico, siendo productiva la película, sino incluso a nivel cultural, aspecto que jamás han descuidado otros países. Estados Unidos se sabe vender en su cine. Sabe que cada filme es un excelente medio de promoción. También lo podría haber sido Alatriste, pero todo el proyecto se confió a manos completamente inexpertas, porque nadie necesitaba que fuera rentable. ¡Qué gran ocasión perdida en promocionar el país, nuestra historia, nuestro paisaje y nuestra idiosincrasia! Cuan superior fue la grandeza española a la "grandeur" de Francia, y cómo seguimos dejando que se disuelva en las páginas del olvido...

Lo realmente grave de la situación es que todo en España funciona así. La cultura de las subvenciones y del amiguismo (no hay más que ver los apellidos incluidos en el reparto de este filme, resultando algunos aberrantes en el resultado), hace que los expertos y los técnicos sean desplazados en favor de los amigos y los correligionarios. En el cine es evidente, pero en todos los aspectos de la vida pública está pasando lo mismo. Millones y millones de euros derrochados en manos ignorantes sin que nadie ponga coto y sin que nadie levante la voz. Un país condenado a morir una y otra vez como Alatriste ha muerto en el cine: por incompetencia.