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Concurso La Lista
Yvonne de Carlo
Autor: Blaue Engel
Fecha: 14/01/2007.

Yvonne de Carlo

Un artículo de Blaue Engel

Hizo toda clase de cine, pero en su gran mayoría representó personajes sumamente exóticos los cuales, en su particular belleza, encontraron en ella la actriz idónea para encarnarlos.

Yvonne de Carlo nos ha dejado con un último adiós. Nos ha dejado esta actriz cuyo paso por la gran pantalla marcó toda una época de cine de aventuras, acercándonos a la vivencia de emociones sin cuento, y de amores, odiseas, traiciones y sueños de los que no estaban ausentes los relativos al mundo oriental y a los que surgían con fuerza en las grandes y secas llanuras del oeste americano.

Es cierto que su cine hurgaba en el inconsciente humano unas veces, como también se quedaba en lo convencional en otras muchas (las más) en las que sus películas no eran producciones de grandes presupuestos, pero esto último no restaba el interés general y el que todos y cada uno de sus filmes fueran aplaudidos por un público deseoso de perderse en el technicolor o en las oscuridades más profundas de la conciencia. Un público que abarrotaba las salas en busca de historias que le hiciera olvidar las preocupaciones cotidianas.

Yvonne de Carlo, que comenzó su carrera a principios en los años 40, primero en musicales y películas de serie, fue adquiriendo más relevancia entre los 50 y los 70. Se convertió en actriz clave cuando pasó a interpretar filmes de más enjundia, como el clásico realizado por Robert Siodmak, "El abrazo de la muerte" (1949) co-protagonizado con Burt Lancaster y con Dan Duryea, sin duda su mejor película de los años 40. A la par que esto sucedía, consiguió hacerse cargo de un importante papel en el musical de "Broadway Follies" de Stephen Sondheim, personaje por el que fue galardonada con un premio Tony.

No hay que olvidar que Yvonne fue colaboradora de dos de los más grandes directores cinematográficos de todos los tiempos: Raoul Walsh y Jacques Tourneur.

Sin duda esta reconocida belleza del séptimo arte, especialista en heroínas españolas y árabes, pertenece sobre todo al cine de aventuras cuyo mayor encanto lo constituía el halo de romanticismo que traspasaba la pantalla, llegaba a implicar emocionalmente a los espectadores, quienes al otro día comentaban la proyección con sus amigos recomendándoles su visionado.

Yvonne, nacida en el seno de un hogar sin muchos recursos económicos, abandonada por su padre cuando solo contaba tres años de edad, tuvo una madre que se puso a trabajar de camera para pagar a su hija los estudios de baile e interpretación, al tiempo que le enseñaba a luchar, a no rendirse nunca.

Y no se rindió. De hecho, creó un espacio en la fábrica de sueños que no ha podido ocupar nadie más, y en el que no habrá, por muchas repeticiones que se hagan, otra Cara de Talavera como ella en “Scherazade” (1947), ni otra “Salomé la embrujadora” (1944) que baile igual la danza de los siete velos. Fue diva por antonomasia durante las décadas de los 50 a los 70 llevada de la mano de importantes directores como Sam Wood, Charles Lamont, Jules Bassin y Cecil B. DeMille, entre otros, compartiendo estrellato con los actores más carismáticos de su tiempo entre los que se encontraban Bob Hope, Bing Crosby, Alec Guinness, Rock Hudson (con quien protagonizó varios de sus títulos más famosos), Clark Gable y Sydney Portier, estos últimos co-protagonistas en la inolvidable “La esclava blanca”, o Charlton Heston con quien coprotagonizó “Los diez mandamientos”, superproducción de 1956.

Después, su nombre fue perdiendo brillo, e Yvonne se refugió como tantos otros grandes en la pequeña pantalla en donde su belleza y estilo, apoyados por una originalísima estética adquirió de nuevo la fama y la admiración de otra clase de público más casero pero igualmente potente. Así pues, por su excelente composición del personaje, y su elegancia para interpretar a tan entrañable vampiresa, Yvonne siempre será recordada en todo el mundo como la más celebre y brillante Lily Munster.

Yvonne de carlo, cuyo nombre completo era el de Margaret Yvonne Middleton, Peggy para sus allegados, nació en Vancouver (Canadá) el 1 de septiembre en 1922.

Se despidió para siempre el 8 de enero de 2007 en Los Ángeles, donde formó parte de un universo de estrellas irrepetible.