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Concurso La Lista
La noche de los chicles
Autor: Patuca Pompidur
Fecha: 29/01/2007.

La noche de los chicles

Un artículo de Patuca Pompidur

Pero, ¿no decían que este año iban a recortar la gala para que resultara menos aburrida? Yo en verdad les digo que a mí me resultó con diferencia la entrega de los Goya más aburrida de la historia. Ni ápice de gracia. Nuestros maravillosos cineastas se dejaron en esta ocasión de reivindicaciones, espiches panfletarios, consignas proselitistas y se dedicaron a lo que peor saben hacer: lo suyo. Así que una velada absolutamente gris en la que salvo excepciones, todo el mundo optó por atuendos más o menos clásicos pero tampoco en exceso fascinantes.

Las excepciones: la ínclita y recién estrenada Presidenta de la Academia, Ángeles González-Sinde que se calzó una falda llena de letrajas, que, ay, por Dior, cuándo la gente se va a dar cuenta de que llevar mensajes en la ropa es de pésimo gusto, y Najwa Nimri, que ante la imposibilidad de llamar la atención en lo auditivo, acostumbra a atacar lo visual y se puso un traje así tipo globo-fuelle, que era bastante feo, así, sin más comentarios. También pusieron de punta los pelos los zapatos de María Valverde, de corte tan poco flexible que parecían una zuecas de esas del campo, y que combinados con aquellas medias blancas de algodón, daban al conjunto un aire de función escolar navideña. Su traje también fue de lo más rompedor en la noche. Vamos, que rompía los ojos de aquellos que lo presenciaban. Para zapatos también los de Ivana Baquero, que le quedaban a su traje pastoril como a un Cristo dos pistolas, y perdonen la expresión. Unos botines rojos acharolados, con cordones y tacones de bailaor, así mismo rojos, que causaban espanto ya sólo con oír su claqueteo. Zapatos espantosos también los de Daniel Guzmán, que optó por unos salón de tacón alto y purpurina dorada, que ni hacían gracia, ni, y esto es lo peor, le quedaban bien. Claro que para traje espectacular el de Bebe, que compilaba el estilo galáctica con un collarín ortopédico aflojado de manera sin par.

En cuanto a los pelos, la peor, sin lugar a dudas Yohana Cobo, que no se apea del burro y permanece convencida de que esos pelos a lo lolailo son de buen ver. Como es habitual, soltó su melena al viento, su larguísima y arriquitaunísima melena, y que ahí se las dieran todas. Goya Toledo también parecía recién levantada de la cama, al igual que Ernesto Alterio (que este parecía recién levantado de la cama en todos los sentidos), y Ángeles González-Sinde hacía doblete con un peinado seguramente facturado por algún sobrino de dos años que tenga en la familia. De los pelos de Santi Millán no decimos nada, porque para que repetir el horror, y el galardonado al mejor montaje, Bernat Villaplana ("El laberinto del fauno"), no sólo llevaba una larga pelambrera, recogida en coleta, con las puntas abiertas, sino que además seguramente tenía inquilinos en la misma a juzgar por el rascamiento. En cuanto a los trajes masculinos, la triada Santi Millán, Oscar Jaenada (con un traje que resaltaba la curvatura de sus piernas) y el presentador, Corbacho, optaron por el estilo mamarracho, que en este país siempre da mucho resultado. Si usted quiere triunfar, vístase hecho un cuadro y ya habrá quien le dé una oportunidad. No falla.

También estuvieron las poses. La peor de todas la de Ray Loriga, ese ejemplo viviente de sistema hereditario que mantenemos en España y que llegó allí con cara de "qué asco me da todo esto" y se fue con cara de "soy demasiado bueno para vosotros". O eso, o venía un poco así en plan "viaje sideral". Otros que parecían con el ánimo trastocado eran Najwa Nimri (¿o es que siempre está así?), Dani Martín, que acaba de dejar el coche tuneado en puerta, y Natalia Verbeke, que siempre parece que lleva la boca llena de natillas. Aunque eso sí, iba la mujer elegante. La superpose para Almodóvar claro, que no va a la gala por que él "sí" que es demasiado bueno para todos estos. Elena Anaya definitivamente no iba elegante, con una minifalda a lo "Simply irresistible".

En cuanto al vocabulario, este año estuvieron todos más o menos comedidos. Salvo Corbacho, que  mucho "cojonudo", mucho "buen rollito", "espero que chingues mucho esta noche", "tengo que dejar de comer fabada" y toda esa especie de sublengua que permite ir tirando con un número máximo de cuatro expresiones. Isabel Coixet, cada vez a peor, pronunció la fatídica frase con su no-gracia habitual "Qué cool, que guay", y Bebe se llevó el premio de la noche al espanto absoluto. De una tacada soltó todo esto por su linda boquita: "Gracias por dejarme participar en estas movidas. Estoy mogollón de emocionada. Gracias a Lucio por su musicón". Queridos y queridas, la prueba palpable de que nos estamos convirtiendo en un país de perroflautas. Claro que, ¿qué les vamos a pedir cuando los nombres propios en las sobreimpresiones ni siquiera aparecían con mayúsculas?.

El decorado horripilante, como es habitual, con unas muletas dalinianas sujetando el cortinaje, que no pegaban ni con cola, los Goya en unos pedestales que parecían barras de labios, y lo peor de todo, unos atriles que no dejaban ver los modelitos (aunque no se lo crean, gran aliciente de la noche), opacando la gracia, y sobre todo, que debido a su pendiente, no permitían que apoyar allí el galardón, con los inconvenientes que eso crea. Pero, ¿a quién se le ocurrió tan nefasta idea? Hay que dejarle a la gente un respiro, por lo menos tener las manos libres para poder desplegar tranquilamente el discurso. Que esa es otra, a ver cuándo se lo aprenden de memoria, que es patético ver salir a todas con su papelito doblado. Qué poca profesionalidad. El ranchito de nuevo para Santi Millán, que dejó tres Goyas en el suelo mientras soltaba sus boutades, que aquello fue penoso. Penoso. Pero para penoso, penoso, penoso, lo de Bebe y Raúl Arevalo grabando la gala en vídeo. Y todos los allí presentes comiendo chicle. ¡Y con la boca abierta! Pero, ¿de qué va esta gente?