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Concurso La Lista
Oscar a Morricone
Autor: Blaue Engel
Fecha: 04/03/2007.

Oscar a Morricone

Un artículo de Blaue Engel

¡Vaya, hombre, por fin!

¡Por fin le concedieron el Oscar! ¡Que trabajo les costó después de cinco nominaciones en vano! Ahora, debido a un despiste, o a que alguien que estaba hasta las narices dijo "¡Ya está bien!", se lo han dado cuando el público hace muchos años le había otorgado el galardón más preciado que se pueda recibir y que es memorizar con delectación casi todas las piezas que para el cine compuso el gran Ennio Morricone. Ahora ya estamos tranquilos. Sabemos que esas maravillas que suponen las composiciones musicales para "Días sin Cielo", "La misión", "Los intocables, "Bugsy" y "Malena", candidatas cada una de ellas a ese premio dorado, han conseguido que se les hiciera justicia.

Suponemos que Ennio Morricone siempre trabaja Por un puñado de dolares bien merecido, por que todo en esta vida, incluso en muchas etapas pasadas de la historia hasta La muerte tenía un precio, máximo si uno se ponía En la línea de fuego de El bueno, el feo y el malo, El cerebro del mal, luchando por una Lolita o jugándoselo todo en una Misión a Marte. Pero Ennio Morricone con su extraordinario talento merecía mucho más que dinero, o premios, y eso hace ya mucho tiempo que lo consiguió: reconocimiento internacional a sus partituras, admiración de sus seguidores y certeza absoluta de que sin su música las películas para las que compuso estarían faltas de una imprescindible parte del alma.

Ennio Morricone es algo así como el dueño de una barita mágica que donde toca (y nunca mejor dicho) produce oro. O sea un auténtico Rey Midas que aunque sea con Las manos en el bolsillo, pensando simplemente en Pajaritos y pajarracos, con extraordinaria Superación, consigue una melodía que le hace quedarse Sin rival.

Y no es cuestión ahora de hacer una biografía de este hombre cuya obra ligada a los grandes del cine, a películas inolvidables, hablan de él sin necesidad de ir a la enciclopedia cinematográfica o de señalar a nadie más, porque Ennio se basta con un pentagrama para redactar todo lo que se quiera saber de él. Él, mirando Cara a cara al mundo, puede decir en cuanto a música se refiere "Yo soy la revolución", y desde Los compañeros y Mónica, hasta la más Guapa, ardiente y peligrosa, han sentido el placer de vivir, incluso, en sus peores Días de angustias. Porque Morricone no solo es El aventurero que se pasea entre las grandes orquestas, es también la sombra vibrante que incide en la esencia de El Decamerón, Los Cuentos de Canterbury, Las mil y una noches, El secreto y La ciudad de la alegría en La noche y el momento justo.

Érase una vez en América en la que, con El atentado, se preparaba el Jaque mate siciliano sobre el Sumario angriento de la pequeña Estefanía, mientras se vislumbraba en el horizonte El retorno de Clint el solitario, con El revolver, junto a La tarántula del vientre negro, al tiempo que nuestro hombre escribía para Cinema Paradiso la pieza incomensurable que ocupó todo el Novecento.

Pintó el hálito de Saló o los 120 días de Sodoma, y animó los pasos de El anticristo, se hizo dueño del celuloide de los sueños, y llegó mucho más allá del Fart West, o Historia, para penetrar en el corazón de sus incondicionales. Ennio Morricone ha sido y es El gran hombre. Enhorabuena.